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domingo, 6 de septiembre de 2009

TERCER SERMÓN SOBRE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Por: Juan Calvino

"Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensan que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñado en el templo, y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puesto derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del 1lombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ,¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!" (Mateo 26:51 66).

Si quisiéramos juzgar superficialmente, de acuerdo a nuestros sentidos naturales la captura de nuestro Señor Jesucristo, nos perturbaría el hecho de que ni haya ofrecido resistencia. Aparentemente el sufrir semejante vergüenza y desgracia sin impedirlo era inconsistente con su majestad. Por otra parte premiaríamos el celo de Pedro puesto que se expuso a la muerte. Porque él vio la gran multitud de enemigos. Estaba sólo y era un hombre carente de experiencia con las armas. Sin embargo, por el amor que tiene hacia su Señor, desenvaina la espada y prefiere morir en el campo antes que permitir semejante injuria a su Señor. Pero en esto vemos que tenemos que venir con toda humildad modestia para comprender adónde conducía todo lo que el Hijo de Dios estaba sufriendo; debemos comprender que aquello que nos parece bueno no tiene valor al alguno; y debemos orar a Dios que nos conduzca y guíe por medio de su palabra y que nosotros no juzguemos excepto de acuerdo a lo que él nos haya mostrado. Porque es así que el Evangelio se convierte en un escándalo para muchas personas. Otros se burlan de él, y todo para perdición de ellos, Es que ellos se inflan de presunción y son jueces superficiales. Pero, a efectos de no ser engañados siempre y en primer lugar tenemos que volver a lo que declara nuestro Señor Jesús. Esta es la voluntad de Dios su Padre. Este es un asunto. Luego tenemos que considerar el fin de aquello que nos pueda parecer extraño. Entonces, cuando tengamos estas dos consideraciones, habrá ocasión para adorar a Dios sabiendo que lo que aparentemente es necio de acuerdo a los hombres, es inclusive para los ángeles sabiduría admirable.

Pero para llegar a eso consideremos lo que se dice aquí de Pedro. Dice que, habiendo desenvainado su espada cortó la oreja de Malco, un siervo de Caifás." Aquí vemos cómo los hombres son demasiado osados cuando siguen sus necias opiniones. Luego son tan ciegos que no se cuidan, cualesquiera sean las condiciones. Pero cuando deben obedecer a Dios son tan cobardes que dan lástima. Incluso se enajenan de tal manera que no cuesta nada apartarlos. De esa manera siempre tendremos cien veces más coraje para seguir nuestras necias fantasías que para hacer lo que Dios nos manda y para hacer lo que nuestro llamamiento implica. En el ejemplo de Pedro vemos demasiado de ello. Porque habiendo demostrado su confesión y testimonio a favor de nuestro Señor Jesús, procede a blasfemar para su propia perdición. Sin embargo, está dispuesto a morir, aun cuando no se lo han mandado. ¿Qué lo impulsa a desenvainar su espada? Lo hace como por capricho. Porque no había recibido ninguna instrucción al respecto de su Señor. Y cuando renunciaba a Jesucristo, ¿acaso no conocía ya las palabras: "El que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de Dios mi Padre que está en los cielos?" Pero (como ya he dicho) Pedro es testarudo(1). Este deseo necio de defender a nuestro Señor Jesús a su propia manera, y conforme a su fantasía lo arrastra. Ahora, mediante su ejemplo aprendamos a ejercitarnos a ir adónde Dios nos llama. Que nada de lo que él nos manda nos resulte demasiado difícil. Y que no intentemos hacer nada, de no mover ni siquiera el meñique, a menos que Dios lo apruebe y que tengamos testimonio de que es él quien nos guía. Este es un asunto.

En efecto, en primer lugar nuestro Señor Jesús le muestra que ha cometido una ofensa grave, porque no ignoraba la ley, donde dice: "La sangre de aquel que derrama sangre humana, será derramada." Entonces, San Pedro tenía que haber recordado esta lección, de que Dios no quiere que se use fuerza o violencia. Y (lo que es más) ¿en qué escuela había sido alimentado durante más de tres años? ¿caso nuestro Señor Jesús no había practicado, tanto como le era posible, la humanidad y gentileza?(2) ¿De dónde entonces, espera obtener aprobación para su Osadía? Además tenemos que recordar lo que ya hemos dicho. Es decir, si nuestro celo es estimado por los hombres y se nos aplaude, en esa misma medida no dejaremos de ser condenados delante de Dios, aunque transgredamos tan levemente su palabra. Entonces no hay alabanza excepto en andar como Dios no, lo muestra por medio de su palabra. Porque tan pronto una persona transgrede de esta línea, todas sus virtudes hieden. Así es con todas nuestras devociones. Tan pronto hemos trabajado para hacer lo que hemos imaginado en nuestra mente, Dios lo condena todo, a menos que hayamos oído su palabra. Porque aparte de ella no hay verdad que él apruebe y que sea legítima en su presencia.

Pero en cuanto a lo que estamos tratando ahora, la segunda razón presentada por nuestro Señor Jesucristo es más digna de atención. Las cosas que hemos tratado son en general. Pero aquí hay una expresión que es peculiar a la muerte, pasión de nuestro Señor Jesucristo, es cuando dice: "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?" Ahora, en aquel tiempo una legión normalmente estaba compuesta por cuatro o cinco mil hombres. "Entonces, hay un ejército celestial que puedo tener," dice Jesús, "y sin embargo, me conduzco sin él. Y entonces, ¿por qué vienes tú aquí para usurpar más de lo que Dios quiere o permite?" Ahora, ciertamente está permitido invocar a Dios y orar que él quiera sostener nuestra vida; y que así como la considera preciosa, quiera guardarla bajo su protección. nuestro Señor Jesús declara que ahora no lo quiere y que no debería hacerlo. Entonces, ¿cómo va a usar la violencia Pedro, viendo que está fuera del orden que Dios ha permitido y establecido por su palabra? Si algún medio es permisible en sí mismo no debe ser utilizado, ¿cómo distinguir entre lo que Dios ha defendido y lo que ha declarado digno de castigo? Aquí (como ya lo he mencionado) vemos cómo el Hijo de Dios se sujetó a tales vergüenzas y que prefirió dejarse tomar y ser atado como un malhechor y criminal antes que ser un mentiroso mediante milagro, y que Dios utilizara su brazo para protegerlo(3). En ello tenemos que reconocer cuánto valor le adjudicó a nuestra salvación. Aquí hay un punto que ya he destacado, es decir, que él nos refiere a la voluntad y al decreto de Dios su Padre. Porque si no fuera por ello a uno le parecería extraño que no quisiera implorar la ayuda de su Padre; y seguramente sabía que podía tenerla. Parecería que tienta a Dios cuando no ora en absoluto. Tenemos la promesa de que los ángeles rodean a los que temen a Dios, que incluso los seguirán para evitar que se lastimen, y para que no tengan que encontrar ningún mal en sus caminos(4). Ahora, cuando Dios nos ha prometido algo, él quiere que nos invite a orar. Sin embargo, cuando estamos en necesidad debiéramos ir corriendo a él a efectos de que él pueda usar sus ángeles para guiarnos, porque para eso les ha dado este oficio. También vemos que esto fue practicado por los santos Patriarcas(5) y los Padres. "El ángel del Señor que nunca me ha fallado estará contigo en tu camino y te hará prosperar," dijo Abraham(6). Ese entonces fue el uso que le dieron los santos Padres. ¿Por qué entonces no quiso Jesucristo tener a los ángeles? Porque ya había sido confortado (como lo menciona San Lucas) y los ángeles(7) le habían servido para suavizar la angustia en que se encontraba.

Entonces pareciera que desprecia una ayuda necesaria de parte de Dios. Pero Jesús lo tiene en cuenta cuando agrega: "¿Cómo se cumplirán las Escrituras?" Como si dijera: "Si dudamos de algo, podemos y debemos orar a Dios para que pueda miramos con piedad y para que nos haga sentir su poder por todos los medios. Pero cuando estamos convencidos de que tiene que pasar por alguna necesidad, y cuando la voluntad de Dios nos es conocida, entonces ya no es cuestión de elevarle otras súplicas, excepto que él nos fortalezca en su poder, y en constancia invencible, y que no nos quejemos de nada, o que no seamos extraviados por nuestros sentimientos; sino que con ánimo dispuesto atravesemos todo aquello a lo cual pueda llamarnos." Por ejemplo, cuando somos perseguidos por nuestros enemigos y no sabemos lo que Dios tiene preparado para nosotros, o cuál será el resultado, entonces tenemos que orar a él como si nuestra vida le fuera preciosa, y puesto que él la tiene bajo su protección, que lo demuestre por el resultado y que nos libere. Pero cuando estamos persuadidos de que Dios quiere llamamos a su presencia, y que ya no hay ningún remedio, entonces tenemos que dejar toda disputa y entregarnos totalmente convencidos de que ya no queda nada sino obedecer el decreto de Dios que es inmutable.(8)

Esa es, entonces, la intención de nuestro Señor Jesús. Porque ciertamente oró a lo largo de toda su vida, y aun previamente a este gran combate que sostuvo. Jesús ora a Dios que si es posible esta copa pase de él. Pero ahora ha llegado a su conclusión, porque así le había sido ordenado por Dios su Padre y comprendía que tenía que cumplir con lo que le había sido encomendado, es decir, de ofrecer el sacrificio perpetuo para borrar los pecados del mundo. Puesto entonces que se vio a sí mismo llamado a ese lugar, y puesto que era un asunto decidido, es por eso que se abstiene de orar a Dios en sentido contrario. Entonces no quiere ser ayudado ni por los ángeles ni por los hombres. No quiere que Dios le haga sentir su poder para apartarse de la muerte. En cambio le era suficiente tener este espíritu de constancia, para poder tener la capacidad de ir por voluntad propia para cumplir su oficio. Es eso lo que le satisface.

Ahora, cuando en primer lugar vemos que la voluntad de Dios debiera frenamos y mantenemos en límites de manera que, cuando las cosas nos parezcan salvajes Y contra toda razón, sepamos valorar más lo que Dios ha ordenado que lo que puede comprender nuestra mente. Es decir que nuestras fantasías debieran ser holladas cuando sentimos que Dios ha probado otra cosa. Es parte de la obediencia de nuestra fe el considerar que Dios es sabio, de manera de tener la autoridad para hacer todo lo que le place. Si tenemos razones para hacer lo opuesto, sepamos que no es sino humo y vanidad y que Dios sabe todo, y que nada le es oculto, y que es su voluntad la norma de toda sabiduría y de toda rectitud. Además, lo que nuestro espíritu(9) argumenta en sentido opuesto, proviene de nuestra rudeza. Porque sabemos que la sabiduría de Dios es infinita y que escasamente tenemos tres gotas de sentido. Entonces no tenemos motivos para asombramos cuando los hombres se espantan viendo que Dios no se conduce de acuerdo a los apetitos de ellos. ¿Y por qué no? Porque somos unos pobres necios. En efecto, sólo hay brutalidad en nosotros por mucho que nuestros sentidos y razonamientos gobiernen. Pero, puesto que no entendemos toda la profundidad de los juicios de Dios, aprendamos a adorar lo que está oculto y de adorarlo (digo) en humildad y reverencia, confesando que todo lo que Dios hace es justo y recto, aunque todavía no lo percibamos. Este es un asunto.

Siguiendo esto, y puesto que es así que Dios quiso que su Hijo fuese expuesto de esa manera a la muerte, no nos avergoncemos nosotros de lo que él soportó. No pensemos que hombres malvados tenían el control en sus manos que el Hijo de Dios no tenía los medios para defenderse. Porque cada cosa procedía de la voluntad de Dios y del decreto inmutable que él había dado. Es por eso también que en San Lucas nuestro Señor Jesús dice: "Ciertamente, este es ahora el reino de ustedes, y el poder de las tinieblas.(10)" Como si dijera: "No se gloríen en lo que están haciendo, porque vuestro señor es el diablo." De todos modos les demuestra que es por el permiso que Dios les dio. Aunque el diablo los poseía, sin embargo, ni ellos ni él tenían la facultad de emprender algo si Dios no les hubiera soltado las riendas. En resumen, esa es la forma en que debemos tener nuestros ojos y nuestros sentidos fijados en la voluntad de Dios, y en su plan eterno, cuando se nos habla de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo(11). Ahora Jesús declara que esa es la voluntad de Dios, porque así está escrito. Porque si Jesucristo no hubiese tenido testimonio de lo que había sido ordenado por Dios su Padre, aun podía haber tenido dudas. Pero Jesús conocía su oficio. Dios no lo había enviado aquí abajo para que no se diese enteramente a esta expresa misión. Es cierto, puesto que nuestro Señor Jesús es el Dios eterno, no le hacía falta ser enseñado por ninguna Escritura; pero, puesto que él es nuestro Redentor, y que se vistió con nuestra naturaleza para tener auténtica hermandad con nosotros, era necesario que fuese instruido por la Santa Escritura como también vemos, sobre todas las cosas, que no rehusó tal instrucción.

De manera entonces, puesto que Dios le había mostrado a qué había sido llamado, es que se apoya en ese llamamiento. Por eso es prendido como un cautivo, a efectos de no volver atrás sabiendo que tenía que cumplir(12) con la misión que le había sido encomendada, es decir, de ofrecerse a sí mismo en sacrificio para la redención de todos nosotros.(13) De manera entonces, tenemos que aprender que, siendo la voluntad un secreto para él mismo e incomprensible, tenemos que recurrir a la Santa Escritura. Es cierto que Dios no deja de tener su consejo bien ordenado por cosas que nosotros asignamos(14) a la casualidad. Pero ello no nos es declarado. No siempre tendremos una revelación especial para decir que Dios ha determinado esto o aquello. Por lo tanto no tenemos que abrir juicio. Es por eso que oramos a Dios que quiera sanarnos de una enfermedad o librarnos de alguna otra aflicción cuando hemos caído en él. ¿Y por qué? No sabemos lo que él quiere hacer. Ciertamente, no debiéramos imponerle una ley. Siempre debiera agregarse esta condición: Que su voluntad sea hecha. Pero todas nuestras oraciones deben conducir a esto: Pedirle que pueda conocernos como necesarios y útiles, y que entre tanto podamos referir todo a él en su consejo secreto, para que él haga lo que le parezca bien. Pero cuando por la Santa Escritura tenemos testimonio de que Dios quiere cierta cosa, es inapropiado ofrecer réplicas, tal como ya lo he dicho.

Aquí se nos convence aun más en cuanto a la persona de nuestro Señor Jesucristo, de que fue cruelmente afligido y tratado con tal vergüenza y soberbia, con abusivo desprecio, no sólo por el deseo de hombres malvados y carentes de ley, sino porque Dios lo había decretado. ¿Y cómo lo sabemos? Por la Santa Escritura. Porque, ¿acaso no se habían ordenado los sacrificios en la Ley dos mil años antes del nacimiento de Jesucristo? Y antes que la Ley fuese dada o escrita, ¿acaso no había inspirado Dios y enseñado a los Padres Antiguos a realizar sacrificios? ¿Y pudo la sangre de las bestias brutas adquirir remisión de pecados? ¿Podía ella entregar a los hombres aceptables delante de Dios? De ninguna manera,(15) pero era para mostrar que Dios sería reconciliado por la sangre del Redentor que él había establecido. Luego ofrece explícito testimonio y lo declara a través de las Escrituras. En efecto, vemos que los profetas hablaron de él, y él también hace referencia especial a ellos. Cuando Isaías dijo que aquel que sería el Redentor, sería desfigurado, que sería considerado como desdeñable, que no tendría forma o no más belleza que una víbora, que sería golpeado y molido por la mano de Dios, que presentaría un aspecto terrible, en resumen, que le quitarían la vida, mediante qué poder lo profetizó, ¿acaso Dios no puede resistir a Satanás o a todos los hombres malvados? No, sino que por boca de Isaías declaró todo lo que había previamente ordenado. En Daniel hay una expresión aun mayor. Entonces, siendo que esto es así, que Dios había declarado que su único Hijo tenía que ser sacrificado para nuestra redención y salvación, ahora estamos más convencidos de lo que he dicho antes, esto es, que siempre tenemos que contemplar la mano de Dios señoreando cuando vemos que nuestro Señor Jesús es sujetado a cosas tan vergonzosas a mano de los hombres. Es por eso también que San Pedro dice en Hechos 4:27 que Judas y todos los judíos y la guardia y Pilato no hicieron, sino aquello que el consejo y la mano de Dios habían determinado, lo cual será declarado aun más extensamente.(16) Entonces es aquí donde tenemos que mirar si no queremos ser turbados por nuestras fantasías necias. Es que Dios envió a su único Hijo aquí abajo, a efectos de aceptar la obediencia cuando él la ofreciera en su muerte y pasión para abolir todas nuestras faltas e iniquidades.

Ahora, el segundo punto que he mencionado es el beneficio(17) que vuelve hacia nosotros procedente del sufrimiento de nuestro Señor Jesús. Porque si no conociéramos el por qué ello nos privaría el sabor de lo que aquí se nos narra, pero cuando dice aquí que Jesús fue sujetado y atado para nuestra liberación, entonces ciertamente vemos cuál es nuestra condición por naturaleza, es decir, que Satanás nos mantiene bajo la tiranía del pecado y la muerte, que somos esclavos, de manera que en vez de ser creados en la imagen de Dios sólo hay total corrupción en nosotros; vemos que somos malditos, y que somos arrastrados como pobres bestias a esta maldita cautividad. Entonces, cuando por otra parte conocemos y vemos esto, de que el Hijo de Dios no se rehusó a ser vergonzosamente atado para que las ligaduras del pecado y de la muerte, que nos mantienen bajo la servidumbre de Satanás, sean rotas, entonces tenemos que glorificar a Dios, tenemos que proclamar triunfo a toda voz en la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo y en la captura que aquí se menciona. Entonces, esto es lo que tenemos que recordar de este pasaje.

Luego el evangelista dice que nuestro Señor Jesús sanó al siervo que había sido herido por Pedro. No porque fuera digno de ello, sino para que la ofensa pudiera ser removida. Porque habría sido para difamar la doctrina del evangelio y la redención de nuestro Señor Jesucristo si la herida hubiera permanecido de manera que se hubiera podido decir que Jesús resistió al gobernador de la nación y a todos los sacerdotes, y que en este lugar solitario realmente delinquió. ("Redención de nuestro Señor Jesucristo" llamo a lo que él adquirió para nosotros). Entonces ello podía haber oscurecido toda la gloria del Hijo de Dios, y habría sido para poner en vergüenza perpetua el evangelio. Veamos también que esta conducta de Pedro provenía de un celo de Satanás. Porque el diablo se proponía presentar como infame a Jesucristo con toda su doctrina. Esa es también la tendencia de todas nuestras hermosas devociones cuando queremos servir a Dios conforme a nuestro deseo y cuando cada uno es dado a hacer lo que cree ser bueno. Entonces, Jesucristo quiso abolir semejante escándalo para que su doctrina no pudiera ser difamada de ninguna manera.

Sin embargo, vemos aquí una ingratitud detestable en aquellos que no fueron movidos por semejante milagro. Allí está la guardia que viene para atar a nuestro Señor Jesucristo. Ven que en él obra de tantas formas el poder del Espíritu de Dios. Poco antes los hizo caer con una sola palabra. Ahora sana a un hombre que tiene la oreja cortada. Pero todo ello no les significa nada. Entonces vemos cómo, una vez que el diablo los ha embrujado y ha mareado sus ojos, que ni las gracias de Dios ni todo su poder los puede tocar, para que no pueda seguir andando siempre en sus obras y metiendo por así decirlo sus hocicos de cerdo en todas partes. No importa lo que Dios haga, no importa lo que diga, ellos siguen siempre en su obstinación lo cual es algo horrible. Ciertamente, tenemos que orar entonces a Dios para que pueda damos prudencia para aprovechar de todas sus gracias a efectos de ser atraídos por su amor, y de ser tocados también cuando levanta su mano para mostramos que es nuestro Juez de manera que seamos atemorizados y volvamos verdaderamente arrepentidos. Esto es entonces, en resumen, lo que tenemos que recordar.

Cualquiera sea el posible significado, el hecho es que las bocas de los hombres malvados fueron cerradas cuando Jesucristo sanó al siervo de Caifás. Luego dice: Jesús es llevado a la casa de Caifás donde es interrogado," etc. A efectos de abreviar omitimos lo que San Juan dice de Anás, el suegro de Caifás; quizá es por respeto que Jesús es llevado allá, o quizá quedaba de paso mientras esperaban que todos se reúnan. Entonces, Jesús es llevado hasta la casa de Caifás y allá es interrogado. En forma especial dice: En todas partes los sacerdotes buscaban testigos falsos, pero sin hallarlos. Finalmente se presentaron dos testigos falsos y dijeron: “El dijo que reconstruiría el templo en tres días,”Aquí vemos cómo Jesucristo fue acusado. No es que los sacerdotes hayan sido movidos por algún santo celo. Muchas veces aquellos que persiguen a personas inocentes imaginan que están haciendo un servicio aceptable a Dios, como en efecto lo vemos en San Pablo, quien, posesionado por semejante furia, en realidad se convirtió en su salteador de caminos (así se lo llama) ocasionando más ruina y destrucción. Aun así creía ser un buen celote. Pero no fue así con Caifás y sus secuaces. Porque, ¿qué querían ellos sino oprimir injustamente a Jesucristo? De esa manera vemos que su ambición los llevó a luchar abiertamente contra Dios, lo cual es algo terrible. Porque en cuanto a Caifás y toda su banda, ellos son hijos de Leví, de linaje santo que Dios había escogido. No fue por medio de hombres que ellos fueron elegidos, sino que Dios lo había ordenado así por medio de la ley. Es cierto que existía una corrupción villana y enorme, puesto que también en aquel tiempo el oficio de sacerdote era vendido, y en vez de estar comprometido de por vida (así lo había ordenado Dios) cada uno traía a su compañero y aquel que traía la mayor suma de dinero se llevaba ese puesto de dignidad. Por lo tanto era una corrupción villana y detestable de que intrigas y prácticas ocultas fuesen usadas en un lugar tan honorable. Sin embargo, el Sacerdote siempre permanecía en este linaje de Leví que Dios había dedicado a su servicio. Sin embargo, ¡mírenlos! Todos enemigos de Dios, mírenlos! Todos intoxicados por Satanás en efecto, enfurecidos contra el Redentor del mundo que personificaba el propósito final de la ley.

Notemos entonces que aquellos que están en posiciones altas y dignidad no siempre se desempeñarán con tanta fidelidad que no sea necesario mantener un ojo vigilante sobre ellos, como sobre aquellos que pueden ser enemigos de Dios. En ello uno puede verse la necedad completamente embotada de los papistas al adoptar el título y la condición de sacerdote. Supongan que Dios hubiera mandado la existencia de un Papa (cosa que nunca hizo). Supongan que él tuviera que tener su trono en Roma (menos aún). Aunque todo ello pudiera ser cierto, no obstante, en la persona de Caifás, y en los de su clase, se ve que todos aquel los que han sido elevados a posiciones de honor pueden abusar de su poder. De manera que no seamos tan necios de divertimos con máscaras. Y cuando haya algún título honorable, que Dios no pierda su autoridad sobre el mismo, como vemos en el caso de los papistas que renuncian a las Santas Escrituras en su totalidad y rinden homenaje a sus ídolos. Aprendamos, entonces, que Dios no tiene que ser disminuido a la sombra de alguna dignidad humana, sino que tiene que retener su dominio soberano. Ese es un asunto. En cuanto al escándalo que aquí podríamos concebir conforme a nuestra fantasía, notemos lo que dice el Salmo 118 (como también ya había argumentado nuestro Señor Jesús) de que él era la roca que tendría que ser rechazada(18) por los constructores. ¿Y quiénes eran los edificadores de la casa de Dios y de su iglesia? Los sacerdotes. Al menos deberían cumplir con ese oficio. Sin embargo, rechazaron la piedra que Dios había establecido como piedra angular(19). Y esta piedra, si bien pudo haber sido rechazada, sin embargo ha sido colocada en el sitio principal del edificio, es decir que Dios no dejó de cumplir lo que había ordenado mediante su consejo; lo cumplió al levantar de la muerte a su único Hijo y levantándolo a una posición mayor aun que antes de haber sido despojado. Pues toda rodilla tiene que doblarse ante él.

Cuando dice aquí que los sacerdotes buscaban testigos falsos, no era simplemente para tramar un crimen, sino para tener algún pretexto y alguna máscara(20) para cargar y oprimir al Señor Jesús. Es cierto que él había pronunciado estas palabras: "Destruyan este templo y yo lo levantaré en tres días." Entonces, esas fueron las palabras de nuestro Señor Jesús, tal cual salieron de sus labios. Los testigos que se presentan las repiten. Uno podría decir que eran testigos buenos y fieles. Sin embargo, el Espíritu Santo los llama falsos porque hicieron una malvada perversión de dicho comentario. Porque el Señor Jesús hablaba de su cuerpo que es el verdadero templo de la divina majestad. El templo material construido en Jerusalén no era sino una figura. Como sabemos, no fue más que una sombra. Pero, como dice San Pablo, en nuestro Señor Jesucristo hizo su residencia toda la plenitud de la Deidad,(21) ciertamente en forma corporal y en verdadera sustancia. De manera entonces, no miremos simplemente a las palabras de un testigo, sino a la intención de aquel que habla. Esta es una instrucción buena y útil para nosotros porque vemos que la inclinación de los hombres hacia sus obras malas y hacia sus mentiras es tal que cuando tienen con qué ocultarse les es suficiente y creen que de esa manera son absueltos delante de Dios después de haber acusado a una persona inocente. Entonces, que no nos detengamos simplemente ante las palabras o la formalidad o la ceremonia, miremos en cambio la verdadera naturaleza de la causa. Porque, como vemos, los que sostienen no haber presentado otra evidencia excepto lo ocurrido, no dejarán de ser acusados como testigos falsos delante de Dios.

Inmediatamente se agrega que Caifás dijo a Jesucristo: "¿Ahora qué? ¿No nada? ¿No ves a los que testifican contra ti?" Pero Jesús aun permanece totalmente quieto y en silencio recibe todas esas calumnias. A uno le puede parecer extraño que Jesucristo, teniendo suficiente ocasión para rechazar semejante falsedad no la contradiga. Pero (como ya lo he mencionado, y como hemos de ver aun más plenamente) Jesucristo no estaba allí para defender su doctrina como lo había hecho previamente. Entonces, con prudencia debemos distinguir todas las circunstancias. Porque Jesucristo, habiendo ayunado en el desierto, fue enviado por Dios su Padre, para publicar la doctrina del evangelio. Durante todo ese tiempo vemos con qué magnanimidad siempre defendió la doctrina de la cual era ministro. Vemos cómo se oponía a todas las contradicciones. Entonces, es así cómo cumplió con su oficio, puesto que había sido enviado como ministro de la Palabra. Pero aquí hay una consideración especial. Es que él tiene que ser el Redentor del mundo. En efecto, él tiene que ser condenado, no por haber predicado el evangelio, sino que por nuestra causa tiene que ser oprimido, realmente hasta las profundidades más extremas, y llevar nuestra causa, puesto que, en efecto, estaba allí en la persona de todos los malditos y de todos los transgresores, y de aquellos que habían merecido la muerte eterna. Puesto entonces, que Jesucristo tiene este oficio, y que lleva las cargas de todos los que habían ofendido mortalmente a Dios, es que ahora guarda silencio. Entonces notemos bien que cuando era preciso que Jesucristo defendiera la doctrina del evangelio y que cuando su oficio y su llamamiento así lo demandaban, él cumplía fielmente con su misión. Pero cuando, guardando silencio, cumplía con su oficio de Redentor, como aceptando voluntariamente la condenación, no era por falta de consideración hacia su propia persona que mantenía cerrada su boca, porque era en nombre nuestro (como ya lo he dicho) que estaba allí. Es cierto que habla (como hemos de ver ahora), pero no es en defensa propia; no es sin encender mucho más el enojo y la furia de los hombres malvados contra él. Es por eso entonces, que no quiso escapar de la muerte, sino que voluntariamente permitió que lo oprimiesen, a efectos de mostrar que se olvidó de sí mismo con el propósito de absolvemos delante de Dios su Padre. De manera que no tuvo consideración de sí mismo, ni de su vida, ni aun de su honor. Todo ello fue hecho para sufrir las vergüenzas y desgracias del mundo, para que nuestros pecados fuesen abolidos y fuésemos absueltos de nuestra condenación.

Luego dice que: "El sumo sacerdote lo conjura por el Dios viviente para que le diga si él es el Cristo, si él es el Hijo bendito,(22) El le responde que así es, pero que verán su rnajestad cuando va sea demasiado tarde," es decir, para ellos, puesto que será para su turbación.(23) Aquí habla nuestro Señor Jesucristo, pero no es para doblegarse como ser humano ante el gran sacerdote y sus secuaces. Más bien lo amenaza para aguijonearlo aun más. Si previamente había estado lleno de malicia y crueldad, esto es para encender más fuego aun. Pero ya hemos declarado que Jesucristo no tenía cuidado de sí mismo y que más bien cumple la comisión de la que se había hecho cargo, es decir, la de ser nuestro Redentor.

Además, realmente tenemos aquí, en primer lugar, a los que desprecian a Dios, a aquellos que están enteramente posesionados por Satanás, que incluso abusarán de cierta apariencia de religión, porque uno bien puede decir que este gran sacerdote está cumpliendo bien su oficio al conjurar a Cristo en el nombre del Dios viviente. Pero a eso son arrojados los hombres una vez que Satanás ha atado sus ojos. Los arroja a tal insolencia que no tienen reverencia ante Dios, no mayor que su vergüenza ante los hombres. En esta respuesta de nuestro Señor Jesús tenemos que notar que quiere declarar tanto a Caifás como a todos los demás que por un breve tiempo él es aplastado de esa manera, pero que ello no reduce su majestad, sino que siempre será considerado y reputado como el único Hijo de Dios. Sin embargo, aquí tiene una consideración más elevada aun. Y es que podamos estar seguros de que habiéndose humillado de esa manera para nuestra salvación, nada se ha perdido de su majestad celestial, sino que estuvo dispuesto a ser oprimido así delante de los hombres, para que tengamos la plena certeza de que seremos hallados honorables delante de Dios porque todas las vergüenzas que podíamos haber merecido serán abolidas. Puesto entonces que nuestro Señor Jesús guardó silencio y no se defendió a sí mismo, nosotros ahora podemos abrir nuestras bocas para invocar a Dios como si fuésemos justos. El incluso es nuestro abogado que intercede a favor nuestro. Entonces, cuando nuestro Señor Jesús renunció a toda defensa era para interceder con plena libertad por nosotros delante de Dios su Padre, aunque no éramos nada excepto pobres gusanos. En nosotros no hay sino toda miseria. Sin embargo, tenemos acceso a nuestro Dios para invocarlo privadamente y aferrarnos abiertamente a él como a nuestro Padre.

Esto es lo que quiere mostrar cuando dice: "Después veréis al Hijo del Hombre sentado a la mano derecha del poder de Dios." Entonces tenemos que desechar toda consideración que podría escandalizamos cuando vemos que nuestro Señor Jesús fue escandalizado de esa manera. De manera que miremos a lo que fue el final de ello, Entonces, lo que él quiso era ser condenado sin ninguna resistencia para que nosotros podarnos presentamos ante el trono del juicio de Dios, y que lleguemos allí con toda libertad, sin ningún temor. En resumen entonces, aprendamos a que cada vez que se nos relate la historia de la pasión gimamos y suspiremos viendo que el Hijo de Dios tuvo que sufrir tanto por nosotros, de manera que temblemos ante su majestad, hasta que esta aparezca ante nosotros. Estemos tan convencidos que cuando él venga en efecto experimentemos el fruto de lo que él adquirió para nosotros mediante su muerte y Pasión. Además, tengamos temor de ser contados con aquellos a quienes amenaza diciendo: "De ahora en más ustedes le verán. Porque es preciso que los malvados y reprobados sientan cuán terrible es el trono del juicio de Dios y cuán grande su poder para derribarlos cuando él se levante contra ellos. Cuando San Pablo también quiere hablar de la condenación que soportarán los que son malditos por Dios, afirma que ante su infinita majestad estarán temblando atemorizados por su mirada.

Siendo esto así, aprendamos a humillarnos delante de nuestro Señor Jesús. No esperemos hasta ver con el ojo la majestad que él exhibirá en su segunda venida, en cambio contemplémoslo hoy por fe como a nuestro Rey, y como a la Cabeza de los ángeles y de toda criatura, y recibámosle como a nuestro Príncipe soberano. Atribuyámosle el honor que le pertenece, sabiendo que habiéndonos sido dado para sabiduría, para redención, para justicia y santidad, por Dios su Padre, nosotros debemos atribuirle toda alabanza reconociendo que necesitamos de su plenitud para estar satisfechos. Seamos prudentes entonces y rindamos este honor a nuestro Señor Jesucristo aunque en el día de hoy todavía no veamos preparado el trono del juicio. Pero contemplémoslo mediante los ojos de la fe y oremos a Dios que quiera iluminarnos mediante su Espíritu Santo a efectos de fortalecemos para invocarle en tiempos difíciles, y que esto nos pueda elevar por encima del mundo, por encima de nuestros sentidos y de todos nuestros temores de tal manera que nuestro Señor Jesús sea magnificado hoy por nosotros de acuerdo a lo que él merece. Entonces, en resumen, eso es lo que tenemos que recordar.

En cuanto a que Caifás y los sacerdotes lo condenaron a muerte, aprendamos a no asombrarnos por la obstinación de los malvados y de los enemigos de la verdad. Actualmente esta doctrina es muy necesaria para nosotros. Porque vemos que los grandes de este mundo blasfeman abiertamente contra el evangelio. Aun en nuestro medio vemos a aquellos que hacen profesión del Evangelio y que quieren ser considerados como personas reformadas y en quienes aparentemente sólo existe el evangelio, sin embargo, condenan como diablos encarnados, e incluso como bestias salvajes poseídas por Satanás, la doctrina del evangelio. No es necesario ir lejos para ver todas estas cosas. De manera que, aprendamos a estar asegurados contra semejantes escándalos, y aprendamos a glorificar siempre a nuestro Dios. Aunque Caifás y todo los suyos lanzan sus blasfemias al aire, haciéndolo en la medida que quieren, y aunque digan que Jesucristo es merecedor de la muerte, es necesario guardar silencio ante semejante asunto, aunque ello sea malo. Aunque entonces contaminen el aire con sus execrables y villanas blasfemias, nosotros, no obstante, aferrémonos a esta voz de nuestro Señor Jesucristo. Si actualmente esta verdad es condenada con tanta falsedad por los hombres, y si es puesta en duda, y falsificada, si ella es depravada, y si la gente le da las espaldas con deliberación, ella es suficientemente poderosa para sostenerse por sí misma. Esperemos con paciencia hasta que él aparezca para nuestra redención. Entre tanto, aprendamos todos nosotros a humillarnos, y a darle toda la gloria puesto que él estuvo tan dispuesto a doblegarse, en efecto, de despojarse a sí mismo de todo para nuestra salvación.


Ahora inclinémonos en humilde reverencia ante la majestad de nuestro Dios.

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* *Procedente de: Corpus Reformatorum, Calvini Opera, Vol. 46, pp. 859 873. (1)Il a le cerveau bouillant.

(2)En humanite el marsuétude. Sería provechoso que alguien hiciera un estudio cuidadoso de lo que Calvino quiere decir con humanité. Aparentemente valoró en forma extrema la posibilidad de que la simple bondad humana fuese un medio para testificar de Dios, A pesar de haber sido atacado durante la mayor parte de su vida, tenía aparentemente un espíritu bondadoso. Lat., mansuétude, se ha perdido en el fr. moderno.

(3)Garantir.

(4)Salmo 91:10-12, una paráfrasis sumamente libre.

(5)La primera vez que encuentro Patriarcas. Normalmente Calvino usaba paráfrasis.

(6)Creo que es una vaga referencia a Gén. 24:40, aunque un tanto mutilada.

(7)En Lucas 22:43 es solamente un ángel.

(8)Probablemente Calvino esté reflexionando aquí sobre su propia vida y muerte, como también en la muerte de Jesucristo.

(9) Espirit, espíritu, mente.

(10)Una paráfrasis libre de Lucas 22:53b.

(11)Este párrafo me parece ser superlapsario. Compárese el diagrama de p. 31 y el artículo sobre “Calvinismo” en Benjamín B. Warfield, El Plan de la Salvación (T.E.L.L.). Compárese con pp. 118 125 en Louis Berkhof, Teología Sisternálica (T.E.L.L.).

(12)Exploiter, usado a veces para “labrar” o cultivar.

(13)No es una expiación limitada, sino un sacrificio para la redención de todos nosotros que hemos de ser redimidos.

(14)Nous cuidons.

(15)Nenni.

(16)Puesto que Calvino predicaba extemporáneamente a veces hay leves inexactitudes referidas a puntos secundarios, como en esta lista de personalidades implicadas. Esta costumbre de citar pasajes de memoria pero en términos globales, no afecta, según mis observaciones, sus puntos principales.

(17)Le fruti.

(18)Reprouvée, no permitido, desaprobado.

(19)Le principal fondement, un término más preciso que “piedra angular.” La moderna “piedra angular” no es esencial a la estructura del edificio.

(20)Couleur el fard, maquillaje y cosmético.

(21)Toute plénitude de Divinité.

(22)Beni, un tipo superior de bienaventuranza, que bonheur.

(23)Confusion.

SEXTO SERMóN SOBRE LA PASIóN DE NUESTRO SENOR JESUCRISTO

Por: Juan Calvino

"Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. Cuando lo hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.(1) Y sentados le guardaban allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: este es Jesús; el rey de los judíos. Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:27-44).

Siguiendo lo que hemos mencionado antes de esto, debemos considerar aun mejor que el reino de nuestro Señor Jesucristo no es de este mundo. Porque vemos de qué manera estuvo en desgracia, cómo se burlaron de él, y cómo en lugar de una diadema real llevó una corona de espinas. En lugar de un cetro sostenía una caña. Luego le hicieron todo cuanto uno pueda imaginarse para aumentar vergüenza sobre un hombre. Si limitamos nuestra atención a lo que se narra aquí, el relato realmente sería motivo de escándalo, para apartarnos de nuestro Señor Jesucristo, y consecuentemente de toda esperanza de salvación. Pero por la fe tenemos que contemplar el reino espiritual que fue mencionado anteriormente. Ellos nos llevarán a la conclusión de que si bien los hombres se mofan del reino de nuestro Señor Jesucristo, él jamás dejó de ser reconocido conforme a su dignidad, tanto delante de Dios como delante de sus ángeles. En efecto, tenemos que recordar que el Hijo de Dios fue tratado así en su persona a efectos de recibir toda la vergüenza que merecíamos nosotros. Porque, ¿cómo podremos estar en la presencia de Dios mientras seguimos contaminados por nuestras iniquidades? Pero puesto que nuestro Señor Jesús estuvo dispuesto a que le escupan en la cara, también estuvo dispuesto a ser abofeteado en la cabeza y a recibir todos los insultos; así es cómo en el día de hoy somos reconocidos y declarados como hijos de Dios, y en ello consiste nuestra confianza. En efecto, también tenemos que recordar siempre que Dios quiere inducirnos a ser tocados más íntimamente por nuestras faltas, que nos sean un horror y detestables, viendo que era necesario que el Hijo de Dios sufriera tanto a efectos de pagar por ellas y de adquirir para nosotros gracia y absolución, y que el Padre celestial no lo absolvió de ninguna manera. Viendo entonces, que la turbación causada por nuestros pecados en la persona del Hijo de Dios, realmente tenemos que humillarnos y ser turbados nosotros mismos. Sin embargo, también hemos de tomar coraje y estar fundamentados en una confianza tal que no tengamos ninguna duda de que al venir delante de Dios, nuestro Señor Jesucristo habrá adquirido gracia para nosotros y que lo hizo cuando aceptó ser sometido a tal vileza por causa de nosotros. Porque de esta manera adquirió para nosotros gloria y dignidad delante de Dios y de sus ángeles.

Ahora dice aquí que nuestro Señor Jesús fue llevado al lugar llamado "Gólgota," que quiere decir "lugar de la calavera." La palabra hebrea de la cual se deriva esto significa "rodar,"(2) pero ellos le daban este uso porque cuando un cuerpo se ha descompuesto encuentran la calavera seca la cual es semejante a una pelota que se va rodando.(3) Entonces llamaban "Gólgota" a este lugar porque allí se castigaba a muchos malhechores de manera que se podían ver sus cabezas. Aquí tenemos que recordar lo que dice el apóstol en la Epístola a los Hebreos, de que nuestro Señor Jesucristo fue conducido fuera de la ciudad, según era la costumbre con los sacrificios, es decir, con aquellos que habían sido quemados y cuya sangre era llevada al santuario a efectos de borrar los Pecados del pueblo.(4) Se decía que esa clase de sacrificio realmente era una maldición, de manera que era preciso llevarlo lejos. Entonces, aquí está el hijo de Dios, dispuesto a recibir en sí mismo semejante condición, para que nosotros supiéramos que realmente hemos sido librados y absueltos delante de Dios. Porque merecemos que Dios nos rechace, que incluso derrame su horrible venganza sobre nosotros, al mirarnos tal como somos. Entonces, no hay otro medio para adquirir gracia, excepto que vengamos a nuestro Señor Jesucristo, y que tengamos en él todo nuestro refugio, puesto que cuando él estuvo dispuesto a ser maldición y detestable por amor a nosotros, nosotros fuimos librados de semejante carga, a efectos de poder hallar favor delante de Dios y de poder ser aceptables a él. Porque, si bien Pilato, su juez ya lo había justificado muchas veces, todavía era preciso que en su persona recibiera todo lo que se requería a efectos de redimirnos. Porque él fue nuestra garantía, y él tenía que responder en todo y por todo por nosotros. De manera que entonces, habiendo conocido que nuestro Señor Jesús fue rechazado de esa manera, como indigno de pertenecer a la compañía de los hombres, llevando en realidad semejante infección que ya no podía ser soportado; digo que, viendo todo eso, aprendamos a seguirle, y a renunciar al mundo, según se nos exhorta en este pasaje. Y si tenemos que soportar la burla, y ser cortados todo pacientemente, rindiéndonos con sumisión hasta que venga el día cuando todas nuestras penas sean convertidas en gozo, cuando Dios enjugue nuestras lágrimas, y cuando, en efecto, aquello que ahora consideramos vergüenza, nos sea transformado en gloria. Porque es cierto que todo cuanto padecemos por nuestro Señor Jesucristo es más honorable delante de Dios que toda la pompa de este mundo. Eso es entonces lo que tenemos que recordar en este punto.

Ahora, el evangelista agrega que nuestro Señor Jesús soportó la burla de todos los que pasaban, y especialmente de parte de los sacerdotes y escribas y de los de su clase. ¿Y cuál era el motivo para ello? "Si es el Hijo de Dios que descienda," dicen, "y que se salve a sí mismo ya que ciertamente salvó a otros. Si es el Rey de Israel que lo demuestre." Vemos una terrible ceguera en esta gente miserable, posesionada por Satanás, por el hecho de no tener más sentimientos ni discernimiento. Allí están los sacerdotes que tendrían que ser los mensajeros de Dios.(5) Porque para esa función los había ordenado Dios, y para que su voluntad y su palabra pudiera ser conocida por medio de la boca de ellos. Allí están los escribas que eran doctos en la ley, y sin embargo, suponiendo que pueden aplastar a nuestro Señor Jesús, demuestran pisotear con sus pies toda la Santa Escritura y toda la religión de la cual se jactaban. Anteriormente, cuando se les había mencionado al Mesías, ciertamente respondieron que su nacimiento tenía que ocurrir en Belén Ciertamente también deberían haber sido advertidos y haber tenido la información de que el Redentor que les había sido prometido tenía que sufrir esa clase de muerte. Este no era un asunto oscuro. El pasaje de Isaías(6) era tan claro como un relato hecho de los sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, tendrían que haber sabido que era imposible haber tenido un cuadro más claro de las cosas que el ofrecido por el profeta, aunque hacía tanto tiempo que había hablado. También en Zacarías como en Daniel hay declaraciones de que Dios tiene que reunir a su pueblo, y exaltar a su iglesia,(7) es decir, que el Redentor del mundo tendría que sufrir todo reproche y toda maldición delante del mundo. ¿Cómo se explica entonces que hayan desafiado tanto al Hijo de Dios cuando éste ejerció su oficio, tal como se había declarado suficientemente por los profetas? Así vemos que Satanás los descarrió, cuando ellos olvidaron todo cuanto habían sabido antes.

Seamos prudentes entonces de andar de tal manera en el temor de Dios que, habiendo gustado su palabra, la recibamos con reverencia y obedezcamos a nuestro Señor Jesucristo el cual nos es presentado en ella. Porque también es en él en quien hallaremos completa perfección de virtudes,(8) en efecto, si nos acercamos humildemente a él. Porque si presumimos jugar con Dios nuestra audacia ciertamente tiene que recibir una recompensa tal como la que leemos de estos hombres miserables que tanto se descarriaron en su furia. Sin embargo, debemos aprovechar de estas blasfemias, aprendiendo de ellas a hacer lo contrario. Porque puesto que nuestro Señor Jesús quiso ser nuestro Rey y nuestra Cabeza,(9) rehusó por ese motivo salvarse a sí mismo. Los enemigos de la verdad dijeron: "Si es el Rey de Israel que se salve a sí mismo." Pero en su persona tuvo que soportarlo todo a efectos de adquirir salvación para nosotros. ¿Por qué entonces no se escatimó a sí mismo nuestro Señor Jesús? ¿Por qué soportó una muerte tan amarga y tan vergonzosa, excepto que ella era necesaria para que pudiéramos ser librados(10) por medio de esa clase de rescate?(11) Tenemos que desafiar entonces a todos los agentes de Satanás y a todos sus villanos que vomitaron blasfemias tales como las que describe aquí el evangelista, y a estar tanto más seguros de que realmente tenemos un Rey que prefirió darnos salvación a nosotros antes que salvarse a sí mismo, y que sufrió todo cuanto fue necesario para nuestra redención y que no tuvo otra consideración sino la de salvar lo que se había perdido. Porque si el Hijo de Dios nos hubiera dejado en nuestro estado y condición habríamos quedado desprovistos de toda esperanza. Pero cuando es tragado así por la muerte es allí donde reside nuestra liberación. Al soportarlo todo tan pacientemente, esa es la causa por la cual Dios extiende ahora su mano y su poder para ayudamos en tiempo de necesidad. Fue necesario entonces que nuestro Señor Jesús estuviese allí, realmente abandonado por Dios para que en el día de hoy podamos sentir que él se preocupa por nuestra salvación, y que siempre estará presto para ayudarnos en la necesidad, cuando nosotros lo requerimos.(12) No obstante, aprendamos también a armarnos contra todas las tentaciones, cuando el diablo viene para asaltarnos queriendo hacernos creer que Dios nos ha abandonado, y que nos ha dado la espalda, y que esperar en él causa gran desengaño. Entonces, sepamos esto, cuando Jesucristo es el verdadero patrón(13) de todos los creyentes, y cuando nos ha mostrado el camino que debemos andar, ello es razón suficiente para que seamos conformados(14) a él. El soportó que semejantes blasfemias fuesen arrojadas contra él, y no obstante las resistió de tal manera que por ese medio adquirió la victoria para nosotros. Entonces, luchemos en el día de hoy, cuando viene el diablo para sitiarnos, y para derrumbar realmente nuestra fe y para cerrar la puerta sobre nosotros, de manera que no tengamos acceso a Dios, como si él se hubiera olvidado totalmente de nosotros. Sigamos a nuestro Señor Jesucristo, y esperemos la hora en que Dios extienda su brazo para mostrarnos que tiene piedad de nosotros, y que es un Padre para nosotros, aunque por algún tiempo soporta el vernos tan abatidos.

Suficiente con esto entonces en cuanto a los vituperios y las burlas que fueron amontonadas sobre nuestro Señor Jesús. Había otras más: "confió en Dios; líbrele ahora si le quiere." Esto y a había sido tipificado en la persona de David, porque estas mismas palabras(15) son mencionadas cuando él se queja de que sus enemigos han aprovechado la ocasión para aguzar sus lenguas en contra de él,(16) y que casi le pusieron los pies en el cuello,(17) reprochándole la confianza que había tenido en Dios. Ahora bien, es cierto que esta es la más fatal de las plagas que Satanás puede inventar contra nosotros. Porque la vida de los hombres consiste en tener fe, y en el refugio que tenemos en Dios, apoyándonos en sus promesas. Si somos desprovistos de estas cosas, estamos acabados, estamos completamente perdidos y abatidos. Es por eso también que Satanás trató de destruir la confianza que nuestro Señor Jesús tenía en Dios su Padre. Es cierto que Jesús luchó con un poder superior al que podemos exhibir nosotros. Porque no se sujetó a ninguna incredulidad. No obstante, aunque así haya sido, Jesús sintió la tremenda furia que había en estas tentaciones. Porque de la misma manera en que el diablo había ideado previamente cosas semejantes, ahora también duplica sus esfuerzos. El diablo le había dicho a Jesús: "Si eres el Hijo de Dios, que estas piedras sean cambiadas(18) en pan; luego come, porque eres un pobre hombre muerto de hambre.(19) Y ¿acaso no ves que tienes que comprobar si tienes algún poder o no?" Ahora bien, en todo esto Jesucristo no permaneció insensible, como tampoco cuando lo reprochan por la confianza que aquí tuvo en Dios. Ahora bien, aunque nosotros no tengamos el mismo poder para resistir, de manera de no angustiarnos, no obstante debiéramos ser fortalecidos en él, sabiendo que es para nosotros y para nuestro provecho que él haya triunfado sobre semejantes asaltos levantándose sobre ellos.

Allí están también aquellos que dicen: "A otros salvó, pero no se puede salvar a sí mismo." Una vez más vemos cuán confundidos estaban. Porque ¿acaso el hecho de haber salvado a otros no era una señal cierta e infalible de su poder divino? Jesucristo había resucitado a los muertos. Esto no les era desconocido. Había dado vista a los ciegos; había sanado a los paralíticos, a los cojos, incluso a los demoníacos. Entonces, he aquí Jesucristo, habiendo desplegado los grandes tesoros de su bondad y poder por medio de todos los milagros que fueron hechos por él.(20) Sin embargo, aun eso es un argumento contra él. Entonces vemos cómo estos pobres individuos enloquecidos, si no hay alguien que los refrene, se convierten en sus propios jueces para privarse de toda excusa; de manera que cuando se presenten ante el gran trono de juicio de nuestro Señor Jesucristo, no tendrán argumento alguno para cubrirse. Porque allí están, condenados por sus propias bocas. Si nuestro Señor salvó a otros, ciertamente pudo haberse salvado a sí mismo, a no ser que haya preferido a otros antes que a sí mismo. Lo que se puede percibir allí no es sino una bondad admirable, su disposición de ser arrojado al abismo conforme a los hombres, a efectos de rescatarnos de la profundidad del abismo; vemos que estuvo dispuesto a sufrir todo lo que nosotros merecíamos, con el propósito de librarnos de ello, en breve, vemos que renunció a toda salvación temporal, es decir, de ninguna manera quiso que fuese considerada su propia vida, de ninguna manera quiso proteger a su propia persona, a efectos de que tengamos esa garantía(21) y ese rescate. Entonces debiéramos ser tanto más confirmados en nuestra fe. Viendo todo lo que el diablo maquina para molestarnos y para impedir que vengamos a nuestro Señor Jesús, ello debiera darnos tanta mayor seguridad. Sepamos cómo aprovechar de todo esto. Ahora bien, es cierto que el diablo aplica todos sus esfuerzos para estorbarnos en este punto. Porque, sabiendo en qué consiste nuestra salvación, dedica todos los medios al propósito de privarnos de ella. Porque sabe que si puede inducirnos a quedar escandalizados en la persona de nuestro Señor Jesucristo habrá ganado su caso. Y nosotros hacemos demasiados experimentos con él. Además todos los escándalos que provoca el diablo poniéndolos ante nuestros ojos, con el propósito de apartarnos del Hijo de Dios, deberían servirnos como una confirmación. Porque cuando dice que Jesucristo salvó a otros pero no se salva a sí mismo, ello es una declaración que, conforme al razonamiento humano debería motivarnos a desdeñar en cierta medida a la persona del Hijo de Dios, a rechazarla, y a no depositar nuestra esperanza en él. Pero muy por el contrario, sepamos que cuando el Hijo de Dios no tuvo consideración de sí mismo, ni se preocupó por su propia vida, es porque tuvo en tanto estima la salvación de las almas, considerándola tan preciosa, que quiso utilizar todo a ese fin. Siendo esto así, debiéramos estar osadamente basados en él para invocarle y para estar totalmente seguros de que no es en vano que él haya sufrido así por amor a nosotros.

En cuanto a sus palabras: "Aquí está aquel que destruye el templo y lo reedifica en tres días," hay una malicia demasiado villana en imaginar que Jesús haya dicho que destruiría el templo. En cambio dijo: "destruyan este templo, y al cabo de tres días lo reedificaré." Entonces, no eran sino sus enemigos los que se referían a la destrucción del templo. Y cuando él era crucificado, ¿no deberían haber sabido que lo dicho ya comenzaba a ser cumplido? Porque ellos no ignoraban que Jesucristo habla declarado ser el auténtico templo de Dios, refiriéndose a su cuerpo humano. Porque, puesto que él es Dios manifestado en la carne, y puesto que su esencia divina está unida a su naturaleza, la cual él tomó de nosotros, puesto que, digo, toda la plenitud de la Deidad(22) habita en él, es sumamente cierto que su cuerpo merece ser llamado "templo," más que el templo de Jerusalén, y más que todos los cielos. Ahora ellos lo destruyeron puesto que estaba entre ellos, pero al cabo de tres días él lo reconstruyó. Además ellos no lo olvidaron, porque después supieron perfectamente bien qué decir a Pilato.(23) Pero en ello vemos que si el diablo posee a los hombres vuelven tan estúpidos que ya no pueden distinguir entre el bien y el mal. Están llenos de una furia tal que con abandono se arrojan contra Dios, como queriendo desafiarlo totalmente y con propósito deliberado. Veamos esto, para que seamos amonestados a andar tanto más en el temor de Dios, sabiendo cómo ha obrado por medio de su poder admirable para declarar que no en vano dijo Jesús con su boca: "Destruyan este templo y yo lo reedificaré." Porque de acuerdo a los hombres y a las apariencias y al sentido común solamente vemos turbación(24) en su muerte. Pero por medio de su resurrección Jesucristo lo reparó todo. Puesto que esto es así debiéramos ser tanto más confirmados en la fe, y desafiar a Satanás con todos los gestos que puede hacer para sacudirnos y hacernos dudas.

En cuanto a las palabras: "Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel y mirra," es correcto asumir que esto se hacía conforme a la costumbre de aquel tiempo a efectos de acortar la muerte de los malhechores. De todos modos, Jesucristo, habiéndolo probado no quiso beber porque sabía que su hora aun no había llegado. Es decir, estaban acostumbrados a dar a los malhechores, antes de que fuesen levantados en la cruz, esta bebida a efectos de revolver su sangre para que entregaran más pronto su espíritu. Porque esta clase de muerte era en sí suficientemente cruel de modo que necesitaban ayuda para sobrellevaría. En efecto, luego veremos cómo se les quebraba los huesos a los ladrones para que no languidecieran más. Aunque esto haya sido así, nuestro Señor Jesús no quiso tomar esta bebida, para declarar que estaba dispuesto a recibir en obediencia la condición que le había sido encomendada por Dios su Padre. Es cierto que esta muerte fue muy dura para él. Porque aparte de ser terrible, le significaba tormentos espirituales de los cuales, Dios mediante, hablaremos mañana. Entonces, todo ello podría haber inducido a nuestro Señor Jesucristo a acelerar en la medida de lo posible su propia muerte. Pero él quiso someterse con toda obediencia al sufrimiento hasta poder ser librado sin ningún medio humano. Eso es, entonces, en resumen, lo que tenemos que recordar. De todos modos, las Escrituras fueron cumplidas en estos artículos refiriendo que sus ropas fueron repartidas entre ellos y que sobre ellas echaron suertes. David, que es un tipo de nuestro Señor Jesucristo, presenta esa clase de quejas. Es cierto que se vale de una figura del lenguaje cuando dice que pusieron hiel en su bebida, y vinagre, y que se han repartido sus ropas, y que en sus aflicciones aun le atormentaban sometiéndolo a mayor agonía,(25) como lo harían personas crueles e inhumanas que se complacen en seguir molestando a sus pobres víctimas que ya no pueden ofrecer resistencia. Entonces, David usa esa clase de figura del lenguaje cuando dice que su riqueza fue repartida entre ellos.(26) Con esa palabra se refiere a su esposa, a su casa, a todos sus bienes y a toda su propiedad. Pero en la persona de nuestro Señor Jesucristo esto tenía que ser visto con el ojo. Entonces le dieron vinagre y hiel para que se pudiera saber que David realmente fue un tipo de aquel, y que Jesús fue el verdadero Redentor que había sido prometido desde siempre. Porque, ¿por qué fue edificado el Reino en la casa de David si no era por la promesa de que duraría más que el sol o la luna? Allí estaba entonces, este reino eterno en la persona del Redentor. Porque estas cosas, que en realidad fueron presentadas como sombra y tipificadas en la persona de David, tenían que tener su perfección en Jesucristo, tal como lo vemos aquí.

Además, en cuanto a lo que agrega el evangelista de que aun los ladrones que estaban con nuestro Señor Jesús se burlaban de él, se afirma de que era solamente uno, tal como aparece en San Lucas quien declara estas cosas más extensamente. Porque se trata de una forma común de hablar, como cuando uno dice: "hablando a los niñitos," aunque en realidad haya uno solo, la persona que habla utiliza el número plural. "Tiene que haber mujeres entre ellos." Sin embargo, es preciso que solamente haya una sola. Es de esta manera entonces, que se afirma que nuestro Señor Jesús fue escupido, burlado y blasfemado por todos, inclusive por los malhechores. Porque cuando lo igualaron a dos ladrones, ello era para agravar tanto más la vergüenza de su muerte. Es cierto que este era el lugar donde estaban acostumbrados a ejecutar a los malhechores. De todos modos, no están conformes con esa vergüenza. Al contrario, él tenía que ser considerado peor y más detestable que todos los ladrones del mundo, pero eso le pusieron uno a cada lado, a efectos de decir que él era el principal de todos ellos. Y de esa manera según dice San Marcos, fue verificado lo dicho por el profeta: "Fue contado(27) entre los transgresores."(28) Ahora, si no fuera por esta reputación, ¿en qué lugar y condición nos hallaríamos hoy al presentarnos delante de Dios? Porque no podemos obtener gracia sin justicia. Dios tiene que odiarnos y rechazamos hasta que seamos justos y hasta que estemos purgados de todas las manchas y ofensas delante de él. Y, siendo estas cosas así, ¿puede Dios renunciar a sí mismo? ¿Puede él despojarse a sí mismo de su santidad, justicia,(29) e integridad? Puesto entonces, que traemos ante él nuestras manchas, necesariamente tenemos que ser abominables a él. Ahora bien, ¿cómo podremos ser justificados delante de Dios sino es porque nuestro Señor Jesucristo fue reputado entre los malhechores? Entonces nosotros somos librados de esta clase y Dios nos recibe, y somos tan aceptables para él como si fuésemos totalmente puros e inocentes, ya que nuestro Señor Jesús sufrió estando en esa vergüenza y desgracia delante de los hombres. Eso es, en resumen, lo que tenemos que recordar acerca de los ladrones.

Pero es preciso que insistamos hasta el fin en el relato de San Lucas, es decir, en que uno de los ladrones amonesta a su compañero al verlo el tiempo en que te humillarás? Porque la condenación y el castigo que estás soportando son por tus malas obras y por tus crímenes. Eres una persona hundida en toda maldición, y aunque durante toda tu vida te has complacido en tus faltas mostrando lo bruto que eres, ahora es preciso que comiences a gemir." Porque una persona, por muy perdida que sea, aunque durante toda su vida se burle, y aunque piense que nunca vendrá a rendir cuentas, aunque se mofe de la justicia, e incluso la desafíe, aunque crea que jamás era castigada, no obstante, al ser capturada tiene que abandonar su cacareo. "Ahora, aquí estás," dice el otro ladrón," en gran tormento. Ves que ahora Dios y los hombres te hacen rendir cuentas. Además te amonesta tu conciencia diciéndote que sufres por causa de tus crímenes. Entonces, ¿es preciso que aun desafíes a Dios?" Hay aquí una declaración que muestra claramente que este ladrón había sido enseñado por el Espíritu de Dios. Aunque pronto lo veremos en una forma incomparablemente mejor, mediante esta palabra ya podemos juzgar qué clase de maestro es el Espíritu de Dios dando instrucciones a aquellos que han estado totalmente descarriados que en efecto se habían embrutecido; de modo que no solamente reconocen sus faltas preparándose de manera de obtener gracia, sino que pueden hablar tal como lo hacen los doctores eruditos y personas que durante mucho tiempo fueron instruidas en las Sagradas Escrituras. Porque la mayor advertencia que podríamos hacer a una persona tan endurecida y que todavía no deja de atacar a Dios cuando en realidad debería doblegarse y arrepentirse, ¿no es acaso la que hizo este pobre ladrón? Pero, aunque así fuere, de nada aprovechó aquella amonestación excepto para entregar tanto más inexcusable a aquel que estaba tan poseído por Satanás. Aunque la advertencia de nada sirvió a aquel a quien estaba dirigida, ciertamente, hoy nos debería ser útil a nosotros.

De manera que, aprendamos a temer a Dios, aunque él nos proteja. Pero sobre todo si somos castigados por sus varas, y si él nos hace sentir que está ofendido contra nosotros, sintámonos tanto más motivados a gemir, y tengamos también constancia para soportar pacientemente nuestras aflicciones, como vemos que lo hizo este pobre ladrón, y que de ninguna manera nos levantemos con orgullo y furia como lo hizo el otro. A más de esto, en estos dos realmente vemos espejos de toda la humanidad. Porque vemos las miserias con las cuales estamos rodeados. Esta vida realmente es una profundidad de todas las privaciones, y estos son los frutos de todos nuestros pecados. Porque en la caída de Adán hemos sido privados de las bendiciones de Dios. Es cierto que si bien Dios, por su inestimable bondad, se eleva por encima de esta maldición, siempre declarándose en muchas maneras como nuestro Padre haciéndonos sentir su benignidad,(30) y el amor que siente por nosotros y el cuidado que de nosotros tiene, no obstante, llevamos muchas marcas de nuestros Pecados y, tanto en las alturas como en las profundidades, deberíamos percibir que somos malditos por Dios. Al final la muerte es común a todos. Cuando hayamos languidecido en este mundo, cuando hayamos estado sujetos a muchos males, al calor y al frío, cuando hayamos sido atormentados de una y otra manera, en breve, cuando hayamos soportado infinidad de miserias, ¿cuál será el fin de todo ello? Es preciso que volvamos a corrupción y cenizas. Sin embargo, vemos a aquellos que son tocados de tal manera por Dios que las aflicciones que soportan les sirven para salvación y se les convierten en ayuda, tal como lo dice San Pablo en el capítulo octavo de Romanos. Otros se vuelven cada vez peores, y en vez de humillarse y ser tocados por algún arrepentimiento, se enconan aun más provocando en medida creciente la ira de Dios y encendiendo aun más el fuego por el cual serán consumidos. Eso es, entonces, lo que vemos. De manera que, fijemos nuestros ojos en estos dos ladrones como sobre espejos de todo el mundo. Porque desde el mayor hasta el menor, todos somos culpables delante de Dios. Y si todos juntos hemos de sufrir, ¿quién se va a jactar de su inocencia? ¿Quién podrá ser absuelto? Entonces, siendo arrojados a la condenación, sufrimos justamente por nuestros pecados. No obstante, no todos lo confesamos de la misma manera. Porque existen aquellos que van de mal en peor, y su rebelión con la cual se oponen a Dios es manifiesta. Ellos crujen los dientes, echan espumarajos por la boca en su furia y crueldad. Y de ninguna manera quieren venir a esta condenación. O quizá toman su porción entre los dientes mostrando un deseo contumaz(31) para decir que Dios no les hará absolutamente nada y que no quieren tener señor sobre ellos.

Ahora concluyamos diciendo que, cuando los pobres pecadores reconocen su condición, cuando se humillan, cuando confiesan su deuda, cuando dan gloria a Dios declarando que él los trata con toda equidad y justicia, y que existen buenos motivos por los cuales soportar tales castigos, cuando, digo, los pobres pecadores son inducidos a tal clase de razonamiento, sepamos que Dios ha puesto su mano sobre ellos, que él los ha tocado mediante su Santo Espíritu, y que en ello uno puede ver una bondad infinita cuando rescata así de la perdición y del infierno a aquellos que en realidad estaban despojados de toda esperanza. Ahora bien, en resumen, en la persona de este pobre ladrón vemos un ejemplo de fe que es tan excelente como todo otro que jamás haya existido. Tanto más debiéramos admirarnos y asombrarnos por semejante milagro realizado por Dios. Porque, ¿cuál es su condición? Allí está próximo a la muerte, esperando que alguien venga para quebrarle las piernas, esperando ser desmembrado allí, todavía está sufriendo un tormento tan amargo y terrible que le hará perder el sentido y la memoria y, viendo a nuestro Señor Jesucristo que está en la misma situación desesperada, en efecto, con mayor vergüenza aun, y ¿cómo le habla? No solamente reconoce sus faltas para humillarse delante de Dios, no solamente ejerce el oficio de maestro para convertir a su compañero y llevarlo de vuelta al buen camino, sino que hace una confesión tal que la misma debiera ser preferida, considerando bien aquellas circunstancias, por encima de todas las demás. "Acuérdate de mí," dice, "cuando vengas en tu reino."

¿Cómo es posible que pueda concebir un reino en Jesucristo? Jesús está allí pereciendo en la cruz, maldecido tanto por Dios como por los hombres. Porque esta sentencia de la ley había sido pronunciada por la boca de Dios, "Maldito por Dios es el colgado en el madero."(32) Y aquello no ocurrió como por casualidad, sino que Dios puso allí a su único Hijo. Entonces, cuando ve que Jesucristo está allí bajo la maldición tanto de Dios corno de los hombres, en efecto, desde el punto de vista humano en la profundidad de la desesperación, no puede deducir con sus pensamientos y afirmar que Jesucristo sea Rey, excepto por fe y en el espíritu. De manera que allí ve cosas que podrían apartarlo del Hijo de Dios llevándolo a la conclusión de que confiar en él no sería sino un abuso y una burla. No obstante, viéndolo en su muerte, lo llama Rey. "Sálvame," dice, "dame vida. Porque, que tú me recuerdes, ello será toda mi felicidad." Ahora bien, cuando hayamos ponderado bien todas estas circunstancias, es cierto que la fe que hubo en este ladrón fue tan excelente como la del que mayor fe haya tenido. Por eso, no nos avergoncemos de ser sus discípulos, porque, en efecto, la muerte de nuestro Señor Jesucristo no nos aprovechará a menos que realmente seamos condenados en nosotros mismos, a efectos de obtener salvación en él. Y no podemos ser absueltos delante de Dios si no hemos confesado que en nosotros solamente hay iniquidad y suciedad. Puesto entonces que es cierto que somos culpables delante de Dios, y que nuestra conciencia nos juzga y condena, no nos avergoncemos de seguir a este ladrón viendo que puede ser un buen maestro para nosotros.

Además, ahora que nuestro Señor Jesús ha ascendido a los cielos, que ha tomado posesión de la gloria que le fue dada por Dios su Padre, para que toda rodilla se doble delante de él, no dudemos de haber sido totalmente restaurados a su cuidado, y tengamos la convicción de que en ello consiste toda nuestra felicidad, esto es en saber que Jesucristo nos recuerda y que él nos gobierna. Puesto que él ha sido ordenado para ser nuestro Pastor, él vela por nuestra salvación, a efectos de que estemos seguros bajo su mano y bajo su protección. Además aprendamos a llevar pacientemente las miserias de la vida presente, y que ellas no nos Impidan a venir a nuestro Señor Jesucristo. Como vemos, el ladrón fue oído. Sin embargo, no escapó a la muerte la cual fue muy dura y terrible. De manera que, estimemos de tal modo la gracia espiritual que nos es dada en nuestro Señor Jesucristo, y la cual nos es ofrecida diariamente por la predicación del evangelio, a efectos de que nos haga superar todas las angustias, peleas, preocupaciones, problemas y asaltos que podríamos experimentar. Que todas nuestras aflicciones sean endulzadas puesto que sabemos que todo resultará para nuestro bien y salvación, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

Eso es entonces, lo que tenemos que observar. Agreguemos además la respuesta de nuestro Señor Jesucristo, cuando promete al ladrón que ese mismo día estará con él en el paraíso. Entonces, aunque nuestro Señor Jesús aun no había resucitado de los muertos, y todavía no había cumplido con todo lo que se requería para nuestra redención y salvación, ya exhibía el poder y el fruto de su muerte y pasión. Es cierto que el cumplimiento estaba en la resurrección. Pero puesto que ella está ligada a su muerte y pasión, y sabiendo nosotros que así como sufrió en la debilidad de su carne así también es levantado en el poder de su Espíritu. Así como sufrió por nuestros pecados a efectos de que nosotros seamos aceptables delante de Dios, así también es levantado para nuestra justificación. Digo entonces, cuando conocemos todo ello con cuánto mayor coraje hemos de acercarnos libremente a él. No dudemos de ninguna manera, cuando a él le complazca recordamos a ocultarnos bajo la sombra de sus alas, de que podemos desafiar a Satanás, y la muerte ya a todas las miserias, y gloriarnos en nuestra debilidad. Aunque, conforme al mundo seamos criaturas pobres y grotescas, nunca dejemos de regocijarnos en Dios, por el anticipo que por fe nos da de la gloria celestial de esta herencia que él ha adquirido a semejante precio, y por la esperanza de la cual jamás podremos ser privados.

Ahora inclinémonos en humilde reverencia ante la majestad de nuestro Dios.


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* *Procedente de: Corpus Reformatorum, Calvini Opera, Vol. 46, pp. 901 914.
(1)Salmo 22:18. La versión American Standard (1901) y la versión Revised Standard (1946) omiten toda referencia a esta profecía. Sin embargo, el Dr. Eberhard Nestle incluye, en la décima sexta edición del Nuevo Testamento Griego, en el pie de página la referencia. "El profeta" también presenta una dificultad, puesto que "el Profeta" sin más calificativo generalmente se refiere a Isaías.

(2)Hebr. GALAL, rodar. Así aparece 9 veces en el Antiguo Testamento.

(3)Une boule qui coule, en la traducción se pierde la rima.

(4)Hebreos 13:11,12.

(5)Les Anges.

(6)Isaías 53.

(7)Daniel 12:1-3 y Zacarías 2:11.

(8)Toute perfecion de biens.

(9)Chef, líder, principal.

(10)Delivrez, librado, rescatado, puesto en libertad.

(11)Fr. rancon es derivado del lat. redemptio (onis).

(12)Requerir puede significar o bien "requerir o bien "solicitar."

(13)Patron, patrón, santo patrono, empleador, señor, patrón del barco, nostramo, molde.

(14)Configurez a luy. Configurer ya no se usa en fr. moderno. Se refiere al acople exacto de dos o más moldes.

(15)Salmo 22:8.

(16)Salmo 22:7. Hebreo YAPETEEROO BESAPHAH, hacen que sus labios se abran. Probablemente bostezaban.

(17)Este comentario altamente imaginativo resume la actitud de la gente. Carece de base literal en lo que a mí concierne.

(18)Converties.

(19)Mateo 4:3.

(20)Par, por medio o a través de.

(21)Un tel gage, específicamente el reto de presentarse para la batalla, indicado por medio del acto de arrojar al suelo un guante.

(22Toute plénitude de Divinité.

(23)Mateo 27:63. "Recordamos que este engañador dijo, “Después de tres días resucitaré.”

(24)Confusion.

(25)Salmo 69:20,21 y Salmo 22:18, en forma más bien literal.

(26)Salmo 22:18.

(27)Reputé, reputado o considerado como.

(28)Marcos 15:28. Isaías 53:12. Las versiones American Standard y Revised Standard relegan esta referencia a una nota del pie de página.

(29)Calvino usa justicia tanto para "rectitud" como para "justicia." Cuando la aplicación era principalmente individual he usado "rectitud" y cuando era primordialmente social he usado "justicia." He aquí un asunto abierto.

(30)O "dulzura," uno de los atributos de Dios favoritos de Jonathan Edward.

(31)Contumace.

(32)Deuteronomio 21:33.

SÉPTIMO SERMÓN SOBRE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Por: Juan Calvino

"Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: ¿Elí, Elí lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, Veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios" (Mateo 27:45 54).

Ayer vimos que las burlas y blasfemias de los enemigos de Dios no impidieron que la muerte y pasión de nuestro Señor Jesús produjeran y mostrasen su poder en medio de semejante desdén e ingratitud de parte del mundo. Porque aquí vemos a todos aquellos que tenían alguna reputación y dignidad entre los judíos burlándose abiertamente del Hijo de Dios. Sin embargo, ello no le impidió el tener piedad de un pobre ladrón y de recibirlo a vida eterna. De ninguna manera es necesario que la personalidad oscurezca o disminuya la gloria del Hijo de Dios. Si se afirma que un pobre ladrón de ninguna manera puede ser comparado con aquellos que gobiernan la iglesia, los cuales son maestros de la ley; no corresponde, hablando de la salvación que fue adquirida para nosotros mediante la gratuita bondad de Dios, que busquemos alguna excelencia en nuestra personalidad; en cambio, debemos volver más bien a lo que dice San Pablo: "Esta es una enseñanza fiel, que Jesús vino a salvara los pobres pecadores."(1) De manera entonces, cuando consideremos el fruto de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo, todos los hombres tienen que humillarse, y no se hallará en ellos sino pobreza y vergüenza, para que por estos medios Dios derrame sobre ellos los tesoros de su misericordia sin otra consideración que la de proveer para nosotros ya que él ve que fuimos arrojados a las profundidades de todas las miserias. Puesto entonces, que este ladrón fue una persona desaprobada por rudos, a la cual Dios llamó tan súbitamente, cuando nuestro Señor le aplicó la eficacia de su muerte y pasión, la cual él había sufrido y soportado por toda la humanidad, ello debiera confirmarnos tanto más. Entonces, de ninguna manera, se trata aquí de que Dios muestre cómo extiende su mano hacia aquellos que parecen ser dignos de ello y que cuentan con algunos méritos propios, o que son respetables gozando de buena reputación general entre los hombres. Pero cuando el rescata a pobres almas condenadas de las profundidades del infierno, cuando él, se demuestra piadoso hacia aquellos para quienes se ha desvanecido toda esperanza de vida, entonces, en ello resplandece su bondad. Es ello también lo que debiera darnos entrada a la salvación. Porque los hipócritas, aunque profesen estar en cierta medida restringidos por la gracia de Dios, no obstante, con su arrogancia se fierran ellos mismos la puerta. Porque están tan inflados de orgullo que no se pueden ajustar a nuestro Señor Jesucristo. Entonces, primero estemos, completamente seguros de que Jesucristo llama a los pobres pecadores que no tienen sino turbación en su persona, y que él les extiende sus brazos para recibirlos. Porque si no estamos seguros jamás podremos tomar coraje para acercarnos a él. Pero cuando estemos totalmente persuadidos que es a los más miserables que él dirige su salvación la cual ha adquirido, siempre y cuando se reconozcan como tales, y se humillen y estén totalmente turbados, entregándose como culpables (puesto que lo son) ante el juicio de Dios; entonces estaremos seguros, y tendremos fácil acceso para ser partícipes de la justicia que aquí se nos ofrece y mediante la cual obtenemos gracia y favor delante de Dios.

Luego dice: "Desde la hora sexta hasta la novena hubo tinieblas." Hablo en forma diferente a nuestro lenguaje común, porque nosotros diríamos, desde las doce hasta las tres. Pero el evangelista seguía la forma común de hablar de aquel tiempo. Porque cuando menciona la tercera hora, no es para decir las tres de la carde, sino para referirse a la primera parte del día. En resumen aquí hay dos rosas para notar. Una es que contaban las horas en forma diferente a nosotros en el día hoy. Porque ellos contaban el día desde la salida hasta la puesta del sol, y había doce horas durante el día, mientras que nosotros medimos el día mediante veinticuatro horas, calculando desde la medianoche hasta la medianoche siguiente. Los relojes tenían que ser operados en forma diferente, de manera que las horas del verano eran más largas que las horas del invierno. Cuando los días eran más largos o más cortos, las horas también eran más largas o más cortas. El otro punto es que dividían al día en cuatro partes, cada una de tres horas, y cada parte ira denominada de acuerdo a su primera hora. De modo que todo el período de ¡lempo comprendido entre la salida del sol y la segunda parte del día era llamado la primera hora. La segunda parte que se extendía hasta el mediodía la llamaban tercera hora. Y la sexta comenzaba al mediodía y se extendía hasta tres o cuatro horas después. La otra parte, que era la última, duraba hasta la puesta del sol con lo cual había terminado el día. Es por eso que uno de los evangelistas dice que Jesucristo fue crucificado alrededor de la hora tercera. Y aquí dice que esto ocurrió alrededor de la hora sexta. Nuestro evangelista quiso decir que desde la hora sexta hasta la novena hubo oscuridad. Porque nuestro Señor Jesús fue crucificado entre las 9 de la mañana y el mediodía, y había sido condenado por Pilato alrededor de las 9 de la mañana. Y San Marcos se refiere al final de las tres horas. y no al principio, describiendo la hora en que Jesucristo fue llevado al Gólgota. Ahora bien, hasta la hora novena estuvo en la cruz, cuando el día ya estaba llegando a su fin. Entonces es muy probable que nuestro Señor Jesús no permaneció agonizando en la cruz más que tres horas.

Dice que durante ese tiempo hubo oscuridad sobre toda la tierra, es decir, en Judea. Porque la eclipse no fue general en todo el mundo. En efecto, ello habría oscurecido el milagro que Dios quería mostrar. Porque en tal caso podrían haber atribuido este eclipse al orden natural. Por otra parte no hay muchas personas que hayan hablado de él en el sentido de que haya ocurrido en otros países. En efecto, los que lo mencionan están bajo sospecha y con razón. Pero he aquí la nación de Judea que es cubierta por tinieblas. ¿Y a qué hora? Aproximadamente durante las tres horas del mediodía, cuando el sol aun no estaba ni cerca del ocaso, al decir de ellos. Pero, aparte del orden común de la naturaleza, era preciso que hubiese oscuridad para causar temor y asombro a todos. Muchos consideran que esto fue hecho como un signo de rechazo, como que Dios quiera llamar a rendir cuentas a los judíos, a efectos de que perciban algo por un crimen tan enorme como el que habían cometido, y como que, mediante este signo visible quisiera significarles que en realidad todas las criaturas tendrían que ocultarse de algo tan terrible, como cuando Jesús es entregado de esa manera a la muerte. Hemos de notar entonces que en una forma la muerte de nuestro Señor Jesucristo tenía que ser considerada como un terrible crimen, esto es en cuanto a los judíos. Dios ha detestado totalmente una iniquidad tan villana. Porque ella superó a todas las demás. En efecto, si odiamos el crimen y cosas similares, ¿qué diremos al venir a la persona del Hijo de Dios? ¡Porque los hombres se enloquecieron tanto que quisieron aniquilar a aquel que era la Fuente de la Vida, que se levantaron para destruir la memoria de aquel por medio de quien fueron creados, y en cuyo poder subsistimos!

Sin embargo, la muerte de nuestro Señor Jesucristo no se limitó a ser meramente un sacrificio de sabor dulce. Porque tenemos que recordar siempre que ella fue la reconciliación del mundo, tal como lo hemos declarado antes. Además, la oscuridad vino a efectos de que el sol diese testimonio de la majestad divina y celestial de nuestro Señor Jesús. Entonces, aunque durante aquel minuto Jesús no solamente estuvo abatido, siendo totalmente despreciable ante los hombres, incluso despojado de todo como dice San Pablo, no obstante, el sol muestra que le rinde homenaje, y en señal de ello permanece oculto. Entonces, siendo esto así, sepamos que Dios, a efectos de entregar tanto más inexcusables a los malvados quiso que en su muerte Jesucristo fuese declarado Rey soberano de todas las criaturas, y que este triunfo del que habla San Pablo en el capítulo segundo de colosenses, ya comenzó cuando dice que Jesucristo triunfó en la cruz.(2) Es cierto que él lo aplica refiriéndose a que Jesús rompió el acta que era contra nosotros, y que él nos justificó delante de Dios, y que por este medio fue conquistado Satanás; no obstante, eso ya fue mostrado por el eclipse de sol. Sin embargo, los judíos estaban convencidos de su propia ignorancia, de una ignorancia que incluso era maliciosa y fanática, como si a ojos vistos estuviesen poseídos por Satanás, y que en realidad eran como monstruos que se tornaron contra la naturaleza. Eso es, en resumen, lo que tenemos que recordar cuando se habla de la oscuridad que sobrevino.

Es cierto que en el día de hoy nos hallamos iluminados por la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo. Porque, ¿cómo es que el Evangelio nos muestra el camino de la salvación? ¿Cómo es que somos iluminados a venir a Dios si no es por medio del Hijo de Dios que nos es presentado allí con el fruto y el poder de su muerte? Entonces, Jesucristo realmente es el Sol de justicia, porque muriendo adquirió la vida para nosotros. Pero los judíos fueron privados de semejante beneficio. Y el hecho de oscurecerse el sol sirvió para que fuesen convencidos de ser rechazados de entre todos los pueblos, y que ya no habría doctrina que pudiera servirles, ni serles útil para salvación puesto que por su malicia habían tratado de extinguir todo aquello que podía darles esperanza. Porque era totalmente en la persona del Mediador a quien trataron de destruir con su malicia e ingratitud. Entonces, era completamente correcto que fuesen totalmente destituidos de toda luz de salvación, a efectos de que la ira de Dios se declarase en forma visible sobre ellos.

Luego dice que nuestro Señor Jesucristo clamó diciendo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" San Mateo y San Marcos relatan en idioma siríaco(3) las palabras de nuestro Señor Jesús, las que son tomadas del Salmo 22. Y las palabras no son pronunciadas por todos los evangelistas conforme a lo que dice el texto de Salmo. Incluso en esta palabra: "Elí," esto es, "Mi Dios," vemos que San Marcos dice "Eloi."(4) Pero esto se debe, como ya lo hemos notado antes, a la corrupción del lenguaje. Porque los judíos, habiendo regresado de Babilonia nunca más tuvieron, como antes, un lenguaje totalmente puro. De todos modos, esta pregunta y este clamor es tomado del Salmo 22:1. Dios quiso específicamente que esto fuese relatado en dos idiomas, para mostrar que era un asunto de importancia, algo que debiera merecer nuestra atención. En efecto, a menos que queramos pensar (como muchas personas fantasiosas) que nuestro Señor Jesús habló conforme a la opinión de los hombres, y no de acuerdo a sus sentidos y a lo que sentía, ciertamente tenemos que ser conmovidos por esto, y la totalidad de nuestros sentidos tiene que ser cautivada, cuando Jesús se queja de haber sido entregado y abandonado por Dios su Padre. Porque es algo demasiado carente de sentido y demasiado necio decir que nuestro Señor Jesús realmente no se haya sentido tocado de angustia y ansiedad en su corazón, sino que había dicho simplemente: "Ellos pensarán que estoy abandonado." Ello demuestra que quienes buscan tales comentarios, no solamente son ignorantes, sino que todos ellos son bufones. Además nunca dejan de blasfemar, como perros cebados, contra Dios. Y todos los que hablan de esa manera, ciertamente no tienen más religión que los perros y las bestias brutas, porque no saben cuánto le ha costado al Hijo de Dios su salvación. Y, lo que es peor, se mofan de ella como villanos que son.

Entonces, tenemos que considerarlo como un hecho conclusivo, el que nuestro Señor Jesús, llevado a tal extremo y angustia haya clamado a gran voz (sí, como aquellos que son atormentados hasta el límite), diciendo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" En efecto, anteriormente hemos dicho que ello sería una declaración fría al relato de su muerte si no consideramos la obediencia que él rindió a Dios su Padre.

Este es entonces, el punto principal que tenemos que considerar para estar seguros de nuestra salvación. Es decir, si hemos cometido muchas faltas y rebeliones e iniquidades contra Dios, todas ellas serán sepultadas, puesto que con su obediencia el Señor Jesús nos ha justificado y nos ha hecho aceptables para Dios su Padre. Ahora bien, ¿en qué consistió esta obediencia, sino en que Jesucristo no se rehusó a estar sujeto a la muerte si bien ella fue dura y terrible para él? Porque si en ella no hubiera experimentado ninguna dificultad ni contradicción, su muerte no habría sido obediencia. Pero, aunque por naturaleza nuestro Señor Jesús consideraba la muerte un horror y, en efecto, le resultaba terrible ser hallado delante del trono de juicio de Dios en nombre do todos los pobres pecadores (porque realmente estaba allí teniendo que llevar todas nuestras cargas), no obstante, por amor a nosotros, no dejó de humillarse para sufrir semejante condenación; consecuentemente vemos en él una obediencia perfecta, y en ello tenemos un buen motivo para glorificarlo, tal como el apóstol lo dice en la Epístola a los Hebreos: "Nuestro Señor Jesús fue oído en virtud de haber temido."(5) No obstante, aunque ello sea así, él tuvo que soportar aquello que fue tan duro y pesado, en efecto, totalmente contrario a todo afecto humano. Fue necesario entonces que Dios el Padre le enseñara de tal modo que su obediencia fuese conocida.(6) Vemos, entonces, que el apóstol especifica de modo particular que nuestro Señor Jesús tenía que ser abrumado por el temor. Porque sin ello no conoceríamos el valor de este sacrificio mediante el cual fuimos reconciliados. En efecto, San Pedro también nos muestra que nuestro Señor Jesús no sufrió solamente en el cuerpo, sino en su alma, porque él mismo dice que luchó contra los dolores de la muerte.(7)

Es cierto que las Escrituras dirán muchas veces que somos redimidos por la sangre de Jesucristo, puesto que él ofreció su cuerpo como un sacrificio. Por eso también dice que su carne nos es pan y que su sangre nos es bebida espiritual. Pero esto se dice en consideración a nuestra rudeza. Debido a nuestro escaso entendimiento es que el Espíritu Santo nos lleva de vuelta a las cosas visibles en la muerte de Jesucristo, a efectos de que tengamos una garantía totalmente cierta de nuestra salvación. Sin embargo, esto no es para excluir lo que se muestra en todos los demás pasajes ni para derogar nada de la declaración de que aquella muerte y pasión de nuestro Señor Jesús no habría servido para borrar las iniquidades del mundo, si él no hubiera obedecido, humillándose a sí mismo incluso a una muerte tan terrible. Y él obedeció, sin que de ninguna manera Fuesen eliminados sus sentidos. A1 contrario, aunque tuvo que sobrellevar, errores grandes y extremos, no obstante, puso nuestra salvación por encima de coda otra consideración. Aquí está entonces, lo que tenemos que observar en este pasaje, es decir, que el Hijo de Dios no solamente soportó en su cuerpo una muerte tan terrible, sino que fue impactado en lo más íntimo, y que tuvo que sobrellevar terribles ataques, como si Dios lo hubiera abandonado. Porque, en efecto, también sostuvo nuestra causa, teniendo que experimentar la condenación que había sobre los pobres pecadores.

Por causa de nuestros pecados realmente estamos separados de Dios, y él tiene que apartarse de nosotros, y nosotros hemos de saber que él realmente nos ha rechazado. Eso es lo que corresponde a los pecadores. Es cierto que Jesucristo nunca fue rechazado por Dios su Padre. No obstante, tuvo que sobrellevar estos dolores y tuvo que luchar valientemente para rechazarlos para que en el día de hoy el fruto de la victoria pueda volverse hacia nosotros. Debemos recordar entonces que, cuando nuestro Señor Jesús fue llevado a una situación tan extrema, como si Dios su Padre lo hubiera privado de toda esperanza de vida, es porque estuvo allí en la persona de nosotros, soportando la maldición de nuestros pecados, los cuales nos separaban de Dios. Porque, ¿en qué consiste nuestra felicidad, si no es en que somos vivificados por la gracia de Dios y alumbrados por su resplandor? El es la fuente de vida y de todo bien, y nuestros pecados realmente pusieron una gran distancia entre él y nosotros. Y esto, entonces, tuvo que experimentarlo Jesucristo. Ahora consideremos lo que alguien podrá decir. ¿Acaso es posible que Jesucristo experimentara tales terrores puesto que en él solamente hubo completa perfección? Porque aparentemente ello reduce la fe que él tiene que haber tenido, y de todo aquello en que nosotros teníamos que haber creído respecto de él. Es decir, que él era sin mancha ni pecado. Ahora bien, la respuesta a esto es muy fácil. Porque cuando fue tentado por Satanás, ciertamente tuvo que percibir el temor de estar realmente en el pináculo de una torre y de estar sujeto a esa ilusión conforme a su naturaleza humana. No obstante, eso no le quitó nada a su poder divino. A1 contrario, es motivo para que magnifiquemos su bondad hacia nosotros, puesto que de esa manera se humilló por nuestra salvación.

Ahora bien, dice que él clamó: "Dios mío, ¿porqué me has desamparado?" en primer lugar, es totalmente cierto que Jesucristo, siendo Dios, no podía tener semejante temor. No, no. Pero al sufrir, su Deidad (8) tenía que dar lugar a la muerte y pasión que él debía soportar. Ese es entonces, el poder de nuestro Señor Jesucristo, que por un tiempo quedó oculto, hasta que él hubiese cumplido con todo lo requerido para nuestra redención. De todos modos, conforme a los hombres, notemos que este clamor, este terror del cual hablamos ahora, en ningún modo disminuyó la fe de nuestro Señor Jesucristo. Porque, puesto que él fue hombre él depositó toda su confianza en Dios, tal como lo hemos visto y tratado suficientemente ayer. Entonces ello fue el auténtico patrón de una confianza verdadera, perfecta y completa. Ahora dice que estuvo en tal angustia que parecía haber sido abandonado por Dios su Padre. Sin embargo, su fe siempre fue perfecta, nunca fue abatida ni sacudida de ninguna manera. ¿Cómo es, entonces, que dice: "¿Por qué me has desamparado?" Es por causa del temor natural. He aquí, entonces, nuestro Señor Jesucristo, quien, conforme a la debilidad de su carne, realmente está abandonado por Dios y sin embargo, no deja de confiar en él. En efecto, en estas palabras vemos dos partes, que a primera vista parecen contradictorias, y sin embargo, todo concuerda perfectamente bien. Cuando dice "Dios mío, Dios mío," repitiendo así la palabra, demuestra con ello la constancia de su fe. Jesús no dice "¿Dónde está Dios? ¿Cómo es que me deja?" Si no que se dirige a él. Entonces, él tiene que estar perfectamente persuadido y seguro de que siempre hallará acceso favorable hacia Dios su Padre. He aquí (digo) un testimonio cierto e infalible de la fe de nuestro Señor Jesucristo. Porque en medio de aquella circunstancia tan extrema y de aquella angustia en la cual se hallaba, no deja de invocar a Dios su Padre, y no lo hace fingiendo, sino por el hecho de estar seguro de hallarlo propicio al invocarlo. He aquí (digo), la fe de nuestro Señor Jesucristo la cual es suficientemente declarada. Sin embargo, él repite la palabra, porque esta lucha es difícil, como si quisiera desafiar a todas las tentaciones que Satanás le ha preparado, y como buscando confirmación para su fe para poder persistir siempre en la invocación de Dios.

Ahora Jesús agrega: "¿Por qué me has abandonado?" Por supuesto, eso era conforme a lo que podía concebir como hombre. Porque le era preciso entrar en aquella experiencia y no ser conquistado por ella. Porque San Pedro dice: "Era imposible que fuese retenido por los dolores de la muerte,(9) y es decir, que sea capturado como un pobre hombre que se rinde totalmente y es aplastado. "Era imposible," dice San Pedro. De modo que la victoria estaba en medio de la lucha. Y ello es para glorificar tanto más a nuestro Señor Jesucristo. En parte esto lo había experimentado David. Porque es cierto que en medio de sus aflicciones, por muy intensas que hayan sido, persistió en invocar a Dios, ciertamente con la esperanza en él. Pero puesto que era un hombre frágil, su fe fue sacudida muchas veces, tal como él lo confiesa. Pero en cuanto a nuestro Señor Jesús había una consideración especial (la cual hemos tratado el último día del Señor), es decir, Jesús tenía bien controladas todas sus pasiones en virtud de la integridad que había en él y porque en él no había corrupción natural. Como nos ocurrirá a veces a nosotros, de que nuestros sufrimientos procederán de una buena causa, en efecto, tanto nuestros temores como nuestras ansiedades. Pero, le todos modos, siempre estarán mezclados con pecados puesto que la corrupción está en todas nuestras pasiones. Pero en nuestro Señor Jesús no hubo nada turbio ni desordenado. Consecuentemente, entonces, él no fue capturado de tal manera por la angustia que no fijara siempre en forma correcta su esperanza en Dios, invocándole únicamente a él, y siguiendo en ello firme y constante, habiendo perfectamente bien que hasta el fin segaría siendo el Salvador.

Después dice: "Algunos de los que estaban allí se burlaban de él." Invoca a Elías, veamos si Elías viene para ayudarle." Alguien supuso que los guardias, ignorantes de la ley, dijeron esto. Pero ello es un abuso demasiado necio, puesto que no sabían quien era Elías. No hay duda entonces, de que esta blasfemia no fue pronunciada por ningún otro sino por los sacerdotes (10) que eran eruditos en la ley. Y acaso, ¿no son ellos mismo engañados por lo que dijo Jesús? De ninguna manera. Porque el profeta a quien ellos llaman Elías, no es llamado así. De modo entonces que el nombre no los había engañado. Por lo tanto no hay ninguna duda implícita, puesto que la palabra "Elías" es pronunciada en forma totalmente distinta a la palabra "Elí"(11) esto es, "Dios mío." Eso no podía acusar ninguna ambigüedad. Entonces se debe a cierta malicia e impudicia el hecho de reprochar a nuestro Señor Jesucristo porque "llama a Elías." Y si esto nos parece extraño quisiera Dios que en el día de hoy no existieran tales ejemplos. Porque en la actualidad uno verá que los papistas con sus calumnias quitan y depravan lo que nosotros enseñamos. Es decir, aquello que es tomado de la pura verdad de Dios, y blasfeman conscientemente para que nuestra doctrina sea odiosa a muchas personas ignorantes y a personas que no escuchan lo que predicamos todos los días. Ellos, entonces, depravan con falsedad lo que decimos, y lo toman en sentido totalmente equivocado, a efectos de dar lugar a su mentira y con ello entretener a los pobres ignorantes. Es así cómo los enemigos de Dios, poseídos por Satanás, con cierta malicia han apartado las palabras de nuestro Señor Jesucristo, y en el día de hoy uno ve lo mismo entre los papistas. Y no únicamente en el papado se lo percibe, sino que incluso entre nosotros hay beligerantes que afirmarán que nuestro propósito es hacer creer que Jesucristo estaba desprovisto de toda esperanzan viendo que él sostuvo las angustias de la muerte, que realmente fue arrojado a las profundidades, aunque fue en nombre nuestro que estuvo allí llevando la carga de nuestros pecados. Pero esto de ninguna manera disminuye la constancia de su fe, impidiendo que siga siempre totalmente entera. Y estos bribones que hacen profesión del evangelio, no dejan de blasfemar conscientemente, con lo cual demuestran ser peores que aquellos de los cuales se habla aquí. Viendo entonces, que en el día de hoy el diablo agudiza la lengua de sus agentes, y que cada uno viene con brutal osadía para escupir su veneno contra la pureza de la doctrina, no nos parezca extraño que nuestro Señor Jesús haya sido difamado de tal manera. En cambio, soportemos pacientemente las blasfemias, orando a Dios (como dice en el Salmo doce) que destruya las lenguas villanas(12) tan llenas de vileza y execración, y que tienden a blasfemar su nombre y oscurecer su verdad.

Después de esto el evangelista relata que había allí una vasija llena de vinagre (ciertamente, como ya hemos visto, el vinagre estaba mezclado con hiel) y que tomaron una caña, o mejor dicho (según San Juan) un hisopo, para tener un brazo largo, y en su extremo colocaron una esponja para alcanzarla a la boca de Jesús. San Juan habla aquí en forma más distintiva, porque dice que Jesucristo, sabiendo que todas las cosas estaban cumplidas, dijo estar sediento, después de lo cual volvió a pronunciar las palabras: "Consumado es, todo ha sido cumplido." Esto es, entonces, lo que tenemos que notar aquí cuando esta bebida es dada al Hijo de Dios, es decir, que no pidió de beber porque estaba sediento, porque ya lo había rechazado, como ya lo hemos visto antes. ¿Por qué? Porque esta bebida era ofrecida para acortar la vida. Ahora bien, nuestro Señor Jesús quería esperar en todo y por todo, con paciencia y reposadamente la hora de Dios su Padre. Por eso es, entonces, por qué no quiso apurar su muerte, sino que se entregó pacíficamente y en obediencia, hasta que todo fuese cumplido en efecto, aunque todavía no había entregado el espíritu ni se había levantado de los muertos. Por eso San Juan quiere decir que hasta esta hora había mostrado completa obediencia, de manera que nada le impedía entregar su alma a Dios su Padre. Así es entonces, cómo debemos interpretar este pasaje: que nuestro Señor Jesús declaró que no faltaba nada más para nuestra redención, excepto partir de este mundo, para lo cual estaba preparado y listo, y de rendir su alma a Dios. Viendo entonces, que había cumplido con la totalidad de su deber como Mediador, y que había hecho todo lo requerido para apaciguar la ira de Dios hacia nosotros, y que el pago por nuestros pecados se había cumplido, ahora estaba dispuesto a pedir esta bebida.

Ahora bien, cuando dice: "Consumado es," estamos ante una declaración muy digna de ser notada y excelente. Porque es cierto que el Señor Jesús de ninguna manera está hablando de cosas pequeñas o comunes. Su intención es que por medio de su muerte tengamos todo lo que necesitamos para tener acceso a Dios y obtener gracia de él. No es que por esto debiera ser excluida su resurrección sino que es como si dijera que ha cumplido fielmente con su oficio, y que no ha venido para ser un Salvador parcial, sino que ha cumplido hasta el último momento la misión que le fue encomendada, y que conforme a la voluntad de Dios su Padre no había omitido nada. Siendo esto así, somos instruidos a fortalecer nuestra confianza en nuestro Señor Jesucristo, sabiendo que todas las partes de nuestra salvación fueron cumplidas en lo que él soportó por amor a nosotros. También es por eso que su muerte es llamada un sacrificio perpetuo, por el cual son santificados los creyentes y elegidos de Dios. Entonces, ¿queremos tener la libertad de invocarle? ¿Queremos tener descanso en nuestra conciencia? ;Queremos tener una certeza más plena de que somos tenidos por justos a efectos de ser aceptables a Dios? Habitemos en Jesucristo sin andar de un lado al otro, y reconozcamos que es en él en quien reposa toda perfección, aquellos entonces, que anhelan otros apoyos y que miran de un lado a otro para suplir lo que debe faltar a la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo, renuncian totalmente al poder del cual estamos hablando. En breve, pisotean la sangre de Jesucristo, porque la deshonran. Ahora bien, en todo el papado ¿qué otra cosa hay allí sino renunciación de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo? Porque si bien piensan que están haciendo buenas obras, porque las llaman méritos, mediante los cuales creen adquirir gracia delante de Dios, ciertamente desconocen lo que fue pronunciado por nuestro Señor Jesucristo, "Consumado es." Y puesto que es así, cuando piensan en obtener salvación delante de Dios, y cuando quieren tener remisión de sus pecados, ¿a dónde van, sino a sus necias devociones? Porque cada uno, en su lugar, cumplirá con su pequeño deber, de modo que todas las así llamadas devociones en el papado son otras tantas blasfemias para anular lo pronunciado por nuestro Señor Jesús cuando dijo: "Consumado es." Entonces, ¿qué? Sepamos que no existe una sola partícula de virtud o mérito en nosotros, a menos que nos apliquemos a esta fuente en la cual encontramos toda la plenitud de ellos.

Así es entonces, cómo debe ser fijada nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo. Además, sepamos sobre todas las cosas, que cuando él fue ofrecido como sacrificio, era para absolvernos para siempre y de santificarnos perpetuamente, tal como lo dice las Escrituras.(13) No tengamos, entonces, otro sacrificio, sino éste. Es cierto que en el papado esta diabólica abominación de la misa es llamada Sacrificio diario; y, ciertamente dicen que Jesucristo se ofreció de nuestros pecados, pero que todavía es necesario que él sea ofrecido diariamente, lo cual es una blasfemia totalmente manifiesta, ya que usurpan el oficio que fue dado a nuestro Señor Jesucristo, al ser ordenado como único sacrificio eterno, en efecto, con un juramento interpuesto por Dios de que será perpetuo. Entonces, cuando los hombres mortales vienen por su propia cuenta con el mismo propósito de presentar y ofrecer a Dios a Jesucristo, ¿acaso no están robando a Dios el honor que solamente él merece, y que no puede ser atribuido a criatura alguna? Entonces, siendo esto así, vemos como estos pobres hombres enceguecidos, pensando estar de acuerdo con Dios,(14) provocan su ira y su venganza y renuncian a la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo. Y tanto más debiéramos magnificar la gracia de Dios mediante la cual nos ha rescatado de semejante abismo, que cuando pretendemos acercarnos a él, es para desafiarle abiertamente. Porque, cuando buscamos otro sacrificio que el que fue ofrecido en su persona nos privamos a nosotros mismos de él y del fruto de su muerte y pasión. Eso es entonces, lo que tenemos que recordar.

Ahora dice: "Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.” Y este clamor era: "En tus manos devuelvo mi alma o mi espíritu." En esto vemos cómo combatió nuestro Señor Jesucristo contra los dolores de la muerte, y pudo ganar sus triunfos habiendo superado lo más difícil. Y esto tiene que ver con nosotros, esto es, tenemos que aplicarlo a nuestro uso. Porque el Elijo de Dios no solamente luchó de esa manera por nosotros sino que la victoria que él adquirió para nosotros, nos pertenece, y que en el día de hoy no tenemos que estar de ninguna manera atemorizados por la muerte, sabiendo que la maldición de Dios la cual nos era terrible, ha sido abolida, y que la muerte, en vez de poder herirnos como una plaga fatal, nos sirve como medicina para damos entrada a la vida. Ahora bien, así como anteriormente, siguiendo el ejemplo de David, dijo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?(15) ahora toma la oración hecha por David en el Salmo treinta y uno: "En tu mano encomiendo mi espíritu."(16) Es cierto que David lo dijo estando rodeado de peligros. Como diciendo: "Señor, guárdame en tu protección; porque es como si tuviera mi alma entre mis manos; está realmente agitada. Porque me veo expuesto a todo tipo de peligros; es como que mi vida estuviera colgando de un hilo. Es decir que no permanecerá si tú no la tomas bajo tu protección." Así es como David, mediante esta oración constituyó a Dios como su protector. Sin embargo, no esperó hasta la muerte misma para invocar a Dios, y para estar seguro de que Dios es el Salvador de sus elegidos, y no solamente para mantenerlos y guardarlos en este mundo, sino también para cuando los llama a su presencia. Porque el principal cuidado que Dios tiene de nosotros es que al ser quitados de este mundo, somos escondidos bajo sus alas para regocijarnos en su presencia, tal como lo menciona San Pablo en II Corintios.(17) Además, nuestro Señor Jesús, al pronunciar esta oración declara morir en paz, habiendo triunfado en todos los combates que tuvo que librar por nosotros, y logrando que sus triunfos ya sean a nuestro nombre y para nuestro provecho y salvación. De esta misma manera también declara plenamente que Dios es su Salvador, y que él guarda su alma en forma totalmente segura. Porque eso es lo que implica su pedido cuando dice: "Dios mío, sé tú el protector de mi alma, aun después de la muerte."

Cuando nuestro Señor Jesús habla de esa manera, es como que nos asegura a todos de que no podemos fracasar si nos encomendamos a nuestro Dios, porque Dios ciertamente condesciende para hacerse cargo de nosotros, a efectos de sostenernos, y para que estando así bajo su mano nunca perezcamos. Ahora, debemos notar especialmente que las palabras de Jesucristo: "Dios mío, te encomiendo mi espíritu," le adquirieron el privilegio que le es atribuido por San Esteban en Hechos 7. Y es que él fue constituido guardián de las almas de todos nosotros. Porque, ¿cómo es que San Esteban habla en su muerte? "Señor Jesús, te encomiendo mi espíritu."(18) Así es, entonces, cómo San Esteban muestra el fruto de esta petición hecha por Jesucristo, es decir, ahora podemos dirigirnos a él, e incluso debemos hacerlo, declarando que en virtud de habernos sido dado como Pastor por Dios su Padre, sin duda podemos estar en paz, tanto en la vida como en la muerte, sabiendo que todas las cosas nos serán de provecho y serán transformadas para ventaja nuestra. Como dice San Pablo, que teniendo a Jesucristo todo le resultará como ganancia, y que ya no tendrá necesidad alguna, ni n la vida ni en la muerte, puesto que todo le redundará para provecho.(19)

De manera que debemos aprender ahora que siendo rodeados por la muerte, que Jesucristo le ha quitado el aguijón que podría habernos punzado mortalmente en el corazón, y que la muerte ya no nos causará daño, y que cuando nuestro Señor Jesús entregó el alma a Dios su Padre, no fue únicamente para ser protegido él en persona, sino también para adquirir este privilegio el cual es totalmente preservado para nosotros en virtud de aquella petición; ciertamente, es así cuando tenemos nuestro recurso en él, como aquel bajo cuya protección no podemos perecer puesto que él lo ha declarado. Allí está este triunfo del cual hemos hecho mención que ya redunda en beneficio nuestro. Así nuestro Señor Jesús demuestra cuán preciosa es su muerte, partiendo tan confiadamente hacia Dios su Padre a efectos de guiarnos a él y de mostrarnos el camino a él. Pero lo principal es que sepamos que su fruto vuelve hacia nosotros, puesto que él rompió el acta que había contra nosotros, puesto que pagó plenamente por nuestros pecados, de manera que podemos aparecer de tal manera ante Dios su Padre que ni aun la muerte podrá hacernos mal o daño alguno. Aunque todavía vemos muchas cosas en nosotros que pueden causarnos asombro, y aunque experimentamos nuestra pobreza y miseria, no por eso dejemos de gloriarnos en aquel que fue abatido por nosotros a efectos de levantarnos con él.

En efecto, aunque por parte del hombre no hay sino completa vergüenza, sin embargo, cuando Jesucristo fue colgado allí en la cruz Dios ya quería, en ese momento, que por boca de Pilato fuese declarado Rey. Entonces, aunque el reinado de nuestro Señor Jesucristo es vilipendiado delante del mundo no por eso dejemos nosotros de considerarlo como el fundamento de toda nuestra gloria, y sepamos que, estando en vergüenza bajo su liderazgo, tenemos no obstante, motivos para regocijarnos, puesto que siempre seremos de condición bendecida porque todas las miserias, aflicciones e ignominias que soportamos aquí son más honorables y preciosas delante de Dios que todos los cetros, toda la pompa y todas las cosas honorables a las cuales se apegan los hombres. Es así, entonces, cómo hemos de venir a nuestro Señor Jesucristo, y aferrarnos a él, para que conozcamos el valor de las riquezas 4que él nos trae; y, sobre todo, cuando él nos guía mediante su evangelio, sepamos rechazar todas las conveniencias y comodidades de este mundo; en efecto, considerémoslas como detestables cuando ellas pueden apartamos del buen canino. En breves palabras, que nuestro Señor Jesús reciba el honor que merece, y en cuanto a nosotros que no seamos como cañas sacudidas por cada viento, sino que, siendo fundados en él, invoquemos a Dios, y obtengamos en vida y en muerte la victoria en la cual él ya ha triunfado. Y mientras aun permanecemos aquí abajo, démosle el honor de reconocer que es él quien nos sostiene. Esto es lo que hará cuando tengamos nuestro refugio realmente en él; digo que lo hará, y no en forma común, sino milagrosamente. Porque cuando somos arrojados al fondo mismo del abismo de la muerte, su oficio consiste en rescatarnos de él y conducirnos a la herencia celestial la que ha adquirido a tan alto precio para nosotros.


Ahora hemos de inclinarnos en humilde reverencia ante la majestad de nuestro Dios.

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* *Procedente de: Corpus Reformatorum, Calvini Opera, Vol. 46, pp. 914 928.

(1)1 Timoteo 1:15.

(2)Colosenses 2:14,15.

(3)Un dialecto del arameo, que también incluye caldeo, etc.

(4)Marcos 15:34. Hebreo ELEE. En Mateo es una transliteración del hebreo. En Marcos probablemente es una transliteración del siríaco de aquel tiempo.

(5)Hebreos 5:7, un versículo interesante referido a cómo Dios contesta la oración.

(6)Hebreos 5:8.

(7)Creo que esto es una interpretación de I Pedro 3:18.

(8)Sa Divinité.

(9)Hechos 2:24.

(10)Sacrificateurs.

(11)En inglés no se podrían confundir estas dos palabras. En francés "Elie" (Elías) y “Eli” (Dios mío) se pronuncian de la misma manera. Hebreo ELEEAHOO (Elías) tiene las dos primeras sílabas similares a las de ELES (Dios mío).

(12)Salmo 12:3.

(13)Apocalipsis 13:8 "El cordero inmolado desde la fundación del mundo." Sin embargo, Calvino no llama desmedidamente la atención sobre el libro de Apocalipsis.

(14)Faire appointement avec Dieu. Detrás de la palabra appointement está la expresión idiomática latina a punctum. Quizá la traducción tendría que ser así: "suponiéndose ellos mismos en absoluto acuerdo con Dios."

(15)Salmo 22:1.

(16)Salmo 31:5.

(17)Referencia al "evangelio oculto," 11 Corintios 4:3.

(18)Hechos 7:59.

(19)Filipenses 1:20 24.